Tags

, , , ,

‘La última distinción’ es la última novela de Manuel García Félix. Una radiografía a una época convulsa de la España del siglo XIX centrada en una pequeña población onubense (La Palma del Condado). Una obra que retrata a la perfección la atmósfera asfixiante de un país decadente.

“La última distinción es lo que queda de una sociedad decadentista y venida a menos”. Manuel García Félix ha querido retratar una época convulsa de la historia de España centrándola en su pueblo, La Palma del Condado. La novela transpira un tremendo ejercicio de documentación pero también un amor por grandes clásicos románticos españoles como Emilia Pardo Bazán, Larra, Alas Clarín no exento de la “contaminación” de grandes referentes de la literatura romántica como Dickens o Tolstoi, entre otros. Con él hemos charlado para que os cuente las claves de su última novela.

P. Rara avis, Manuel, una novela cuya acción transcurre en medio de una época tan convulsa como el final del reinado de Isabel II. ¿Por qué esta época para contar ‘La Última Distinción’?
R. Porque es una época en la que se desarrollaron unos hechos insólitos en mi pueblo de La Palma del Condado, provincia de Huelva, que debido al profundo interés que me suscitó decidí un día novelarlo más que desarrollarlo en un tratado histórico, como había hecho en otras ocasiones.

Manuel García Félix  autor de 'La última distinción'P. ¿Qué es ‘La Última Distinción’?
R. La Última Distinción es lo que queda de una sociedad decadentista, venida a menos, revenida por el tiempo detenido, y en la que los honores y las nombradías genealógicas son atropellados por los nuevos modelos liberales en los que empiezan a asentarse otro tipo de estirpes, como por ejemplo la burguesía agraria y en la que además, contraviniendo a Larra, el ser liberal en España no era ya un ser emigrado en potencia. Esa distinción es la última huella que les queda, según palabras de uno de los protagonistas de la novela, a quienes durante siglos gozaron de los privilegios que le aportaron su condición de aristócratas.

P. En esta novela propones un viaje a una época que parece lejana y olvidada, pero que también está muy presente en el imaginario de este país ¿Qué va a encontrar en ella el lector?
R. Pues modelos y formas de comportamiento social que, en parte, todavía se repiten. Un amor entre los dos protagonistas que se hace imposible por el desequilibrio familiar de clases, el golpe en la mesa de la aristocracia que aún permanece en su estatus heredado de siglos, el inconformismo de una sociedad que no acepta la mundanidad de un sistema político que se va a la deriva, y todo por ahí, como diría Paco Umbral.

P. En la novela están presentes temas como la inestabilidad política, la preeminencia de la nobleza o el inconformismo de la clase baja ¿Qué papel juega cada uno de ellos?
R. La novela es fundamentalmente un fresco del reajuste social que se produce en la época previa a la Revolución de 1868 en la que se destrona a Isabel II. A lo largo del texto permanece siempre un aroma revolucionario a lo que las clases dirigentes miran de reojo. La clase obrera se veía oprimida en un estado liberal que aún fijaba más las reglas del juego. Todo esto se vino abajo con la Revolución, como se vio, pero luego se volvió a las andadas en la Restauración. Todo esto se puede detectar en los otros escenarios en donde se desarrolla la novela, en las ciudades de Sevilla y Madrid.

La ultima distinción Áltera EdicionesP. ¿En qué fuentes has bebido para escribir esta novela? ¿Te sientes deudor de los grandes escritores románticos?

R. Para escribir esta novela me he ido a fuentes originales, o sea, a los archivos. Descubrí hace unos años un viejo legajo referente a un pleito de las familias principales de La Palma con los eclesiásticos del lugar, originado por el testamento de un cura y referido al levantamiento de las lápidas sepulcrales que poseían estos linajes en la iglesia parroquial.

Decidí novelarlo porque desde el primer instante me apasionó y esa pasión he tratado de trasmitirla en el texto constantemente utilizando los elementos románticos. En paralelo trascurre una historia de amor de las de verdad, de las de Quevedo, cuando decía que cuando con el corazón se quiere solo con el corazón se habla. Tengo que confesar que, todavía, al leer el desenlace de la novela quedo sorprendido, aún cuando miro el final ni yo mismo me lo creo.

Mi emoción le debe mucho a los autores del XIX, efectivamente. Yo siempre he leído mucho porque he entendido, parafraseando al Barón de Montesquieu, que el amor a la lectura es cambiar horas de aburrimiento por horas deliciosas. Me quedo con todo lo que en mi vida me han aportado Larra, Mesonero, Emilia Pardo Bazán o Leopoldo Alas Clarín, todos ello han impulsado mi sentimiento literario. Mi novela lleva el aroma de todos ellos. También me gusta Galdós pero hubo un momento en que empezó a aburrirme y lo deje por imposible. No quiero olvidarme de escritores románticos de la literatura europea a los que he leído tales como Dickens, Baudelaire, Dostoyevski o Tolstoi.

P. ¿Qué valores has querido resaltar en ‘La Última Distinción’?
R. He escrito esta novela pidiéndole un alma prestada a la historia y me he introducido en un tiempo que ya no existe pero que palpita todavía en nuestra vida. Al crearla, he resaltado valores como los del honor principalmente, la dignidad, el refinamiento, la sensación de distinción de la aristocracia. Pero sobre todo el amor, esa enfermedad inevitable, como decía Proust, que el ser humano posee.

Advertisements