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Un mundo real con connotaciones reales y muy actuales. Terrorismo, un imperio que controla y propugna sus ideales en todos los territorios a los que llega, una referencia que apabulla con su personalidad y personajes crueles, bondadosos y reales. ‘Solima’ aúna todos los ingredientes para convertirse en una novela de referencia en muchos escritorios, mesas y mesillas de noche.

Francisco García Villalobos  tiene muy presente lo que para cualquiera puede ser una lejana época, la del siglo I después de Cristo. Una época que en muchos aspectos contiene muchas semejanzas con respecto a la nuestra: vicios, valores, anhelos, ilusiones… ‘Solima’ contiene una poderosa historia pero también enseñanzas que no deberían caer en saco roto. Hemos charlado con el autor y estas son sus reflexiones. La mar de interesantes.

Francisco García Villalobos autor de 'Solima'P. Jesús de Nazaret, Herodes Antipas, Poncio Pilatos. Y como nexo conductor, la historia de Servio, un tribuno romano. ¿Qué propones al lector con ‘Solima’?
R. He querido recrear algunos lugares y personajes que fueron decisivos para la historia de la humanidad. Determinadas circunstancias que aparecen en “Solima” son rigurosamente históricas y en otras me he permitido licencias literarias, pero en todo caso he procurado acercarme con fidelidad a los ambientes que se reflejan en la novela. Aunque la muerte de Jesús en la periferia del Imperio romano pasó entonces prácticamente inadvertida, nadie duda que hay un antes y un después de su crucifixión, independientemente de las creencias de cada cual. Por eso me pareció interesante asomarme a cómo vivían, pensaban -y morían- los contemporáneos de Jesús.

P. La novela toca un tema que quizás pocos lectores conozcan, como es la trama de terrorismo judío que pretendió socavar los cimientos del imperio romano allá por el siglo I D.C. ¿Cómo era esta trama y cuál era su intención?
R. Los zelotes fueron un grupo de fanáticos nacionalistas judíos que propugnaban la independencia de Roma; si era preciso, no tenían reparo en utilizar métodos violentos incluso asesinando a civiles porque consideraban, en una confusa mezcla de religión y política, que el fin (la supremacía de Yahvé), justificaba los medios. Las alternativas no violentas que propugnaban los otros grupos (los fariseos, saduceos, esenios o los primeros cristianos) eran para ellos puro colaboracionismo. Aparecieron poco después de nacer Jesús, y tras su muerte fueron consiguiendo cada vez más adeptos, hasta que llegaron incluso a controlar Jerusalén. Sin embargo, la reacción de Roma fue contundente, destruyendo la Ciudad Santa, incluyendo su Templo, el lugar más sagrado para los judíos.

Portada Solima Ediciones ÁlteraP. Servio cambia Roma por la periferia del Imperio Romano, donde cree que va a encontrar la paz y tranquilidad que busca. ¿Cómo evolucionará el personaje desde que abandona Roma hasta que alcanza Jerusalén?
R. Servio siempre dice de sí mismo que “no es un hombre de acción”, pero la vorágine en la que se va viendo progresivamente envuelto le obligará a participar en acciones y situaciones que ni él mismo hubiera soñado. Le preocupa mucho la responsabilidad de sus actos, y aunque al principio se ve como un funcionario oscuro y anodino, los hechos en los que interviene le darán un protagonismo decisivo para la suerte del imperio.

P. ¿Qué fuentes has manejado para crear esta apasionante novela?
R. Flavio Josefo proporciona abundante información de la época en sus Antigüedades Judías y en La Guerra de los Judíos. Naturalmente los Evangelios, así como varias obras sobre la vida cotidiana en el siglo I. He intentado que los personajes piensen y sientan en concordancia con la época en la que están ubicados. Me parecen poco verosímiles aquellas novelas que sitúan sus personajes con ideas de nuestro tiempo actual en contextos históricos pasados. Sus discursos y reacciones resultan totalmente anacrónicas, y eso he procurado evitarlo.

P. Servio cambia, al igual que cambian todos los hombres por cualesquiera que sean las circunstancias. ¿Qué mensaje transmite la novela al lector? ¿Con qué recomendarías que se quedara?
R. En primer lugar, la responsabilidad personal. Considero que cada persona es valiosísima, que todos y cada uno de nosotros puede y debe intentar, cada uno en la medida de sus posibilidades, hacer nuestro mundo un poco mejor. La acción más nimia en un día cotidiano puede llegar a influir en nuestro entorno, para bien o para mal. No debe asustarnos el cambio, no seamos conformistas con lo negativo.

Por otra parte, la idea de que la venganza, que es el leit motiv de la novela, no conduce nunca a nada. En aquella época –y desgraciadamente también hoy día- algunas culturas consideraban la venganza no ya como un derecho sino como una obligación; entonces la dinámica de la violencia indefinida está asegurada, ya que siempre habrá un motivo para la venganza. Salvo que se rompa esa dinámica con el perdón al enemigo, que es la actitud revolucionaria que propugna Jesús de Nazaret.

P. ¿Por qué novelar una época como el siglo I D.C. y hablar de la época que reseñas en ‘Solima’. ¿Qué te impulsó a escribir esta novela?
R. Me ha parecido ver tantas semejanzas entre aquella época y la nuestra… Existía, como hoy, un imperio presuntamente civilizador convencido de que su actuación de conquista era lo mejor para el progreso de los propios pueblos conquistados. Frente a ello, determinados movimientos que luchan con todas sus fuerzas por liberarse de esa conquista, considerando que no hacerlo es una ofensa a Dios, y no dudando en acudir a cualquier recurso por violento que sea para conseguirlo. En muchos ambientes, un relativismo moral absoluto, despreciando y negando cualquier derecho a todos los que no sean de alguna utilidad (la “cultura del descarte” que denuncia el Papa Francisco). Demasiadas coincidencias como para no creer que la historia se repite. Pero también para tener motivos de esperanza si cada uno de nosotros intenta moverse un poco más en favor de los otros, si cada día somos algo más solidarios y menos egoístas.

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