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El arcediano de Écija‘ es la última novela de Francisco Tejedo, en la que narra cómo dicho personaje, que responde al nombre de Ferrán Martínez, fue capaz de crear el caldo de cultivo que acabó con la masacre de una de las mayores juderías que existían en la Península Ibérica en el siglo XIV. Una larga entrevista que disfrutarás de cada palabra de Francisco Tejedo.

¿Quién fue Ferrán Martinez? ¿Qué le impulsó a desencadenar la mayor barbaridad perpetrada contra una judería en la Península Ibérica? ¿De dónde procedía su acentuado antisemitismo? Muchas dudas son las que plantea el argumento de ‘El arcediano de Écija’, la última y más ambiciosa  novela de Francisco Tejedo.

El resultado de la charla es esta extensa y deliciosa entrevista. ¡Disfrútala!, pues con sus claves podrás entender mejor no sólo la novela sino también una de las épocas más apasionantes y, a la vez, más repugnantes de la historia de España.

P. Un tipo como Ferrán Martínez sería calificado como un integrista en nuestros tiempos, y sin embargo su verbo incendiario caló en mucha gente en el siglo XIV. ¿Era su pretensión acabar con los judíos o había algún otro tipo de intención oculta?

R. Aunque la causa antijudía de Ferrán Martínez pueda parecer que se basa estrictamente en motivos religiosos —el pueblo judío es responsable de la muerte de Cristo y odia a los cristianos: ambos asertos matizados en la novela—, no podemos descartar, ni en el arcediano ni en los numerosos clérigos y religiosos que siguieron su ejemplo, que hubo motivos sociales y económicos. Un par de muestras:

– Ferrán Martínez ordena a los párrocos de la diócesis destruir las sinagogas, pero los artesonados, puertas, lámparas y candelabros de oro y plata han de llevarse a Sevilla para reconstruir la catedral.

– El Consejo del Reino de Enrique III impone una sanción económica a las autoridades de Toledo, no porque en el asalto a la judería hayan muerto 2.000 judíos, sino porque la destrucción de casas y bienes imposibilita que los judíos puedan pagar los tributos reales.

El arcediano de Ëcija Francisco TejedoPor lo tanto, es posible que la intención de Ferrán Martínez fuera expulsar a los judíos del reino cristiano de Castilla y no tuviera nada que ver con enriquecerse, pero su papel de “autor intelectual” de los pogromos —asalto a las juderías con matanza de sus habitantes— y puede que también uno más de los “autores materiales”, fue el desencadenante de la revuelta antijudía de 1391 que alcanzó a numerosas ciudades en los reinos cristianos peninsulares: Sevilla, Córdoba, Cuenca, Burgos, Valencia, Barcelona, Mallorca, Gerona, Lérida…

P. ¿Quién era Ferrán Martínez?

R. Los datos históricos sobre Ferrán son más bien escasos y todos coincidentes. Se refieren a su papel de arcediano —canónigo representante del obispo en la zona de Écija y juez de asuntos religiosos— y a sus sermones incendiarios en los que atacaba inmisericorde al pueblo judío “deicida”. Así, están documentadas las protestas de los representantes judíos de Sevilla ante los reyes Enrique II y Juan I de Castilla y las cédulas de los reyes, en las que se conmina al arcediano a que en sus sermones no promueva el odio contra los súbditos judíos y a que deje los pleitos entre cristianos y judíos en manos de las autoridades seglares sevillanas. Tuvo que hacer caso en el asunto de los pleitos, pero se negó a abandonar sus sermones, que fueron motivo de nuevas quejas ante el Consejo Real.

Esta imagen de integrista radical se ve compensada por la otra cara de la moneda. Como creador del Hospital de Santa Marta, a cuya labor se entrega con el mismo desmesurado celo que al odio antijudío, adquiere una meritoria fama popular de hombre piadoso y santo (por eso es nombrado confesor de la reina doña Leonor, esposa de Juan I, cada vez que la reina permanecía en Sevilla). Esta dualidad casi contradictoria del arcediano no tiene precio para su creación como personaje protagonista de la novela.

P. Conociendo su talante, ¿cómo es posible que la archidiócesis de Sevilla cayera en manos de un personaje de estas características?

R. La archidiócesis hispalense cae en manos del arcediano de Écija por una serie de casualidades:

· 1ª.- Muere el rey Juan I, que ya no puede tomar medidas contra el arcediano por las nuevas protestas de los judíos sevillanos.

· 2ª.- Casi al mismo tiempo muere el arzobispo Gómez Barroso, que le había amenazado con excomulgarle si proseguía con sus sermones.

· 3ª.- Debido a la situación del cisma con dos papas —Roma y Aviñón—, el nombramiento del nuevo prelado de Sevilla no se produce de forma inmediata y la sede episcopal queda vacante desde el 1 de julio de 1390 hasta el 28 de enero de 1393. Por ley debe quedar al frente de la archidiócesis el arcediano más antiguo de los cuatro (Écija, Jerez, Reina y Niebla). Y el más antiguo era Ferrán Martínez.

Todos estos hechos fortuitos son interpretados por el arcediano como una señal divina de que su misión es terminar con los judíos, empecinados en no reconocer a Jesús como el Mesías —verosímil desde el punto de vista literario, pero sin certeza histórica de que era así como pensaba Ferrán Martínez—.

P. ¿Estamos ante un iluminado, un sádico o un personaje envenenado por sus propias creencias?

Francisco Tejedo 'El arcediano de Écija'R. En sentido estricto, el arcediano de Écija no es un iluminado adelantado a su época, un falso místico poseedor de la auténtica verdad de la revelación, como ocurrirá con “los alumbrados” del siglo XVI. A diferencia de estos, cree en la Iglesia y en los sacramentos. Ferrán no es uno de tantos flagelantes fanáticos que fustiga su cuerpo para limpiarse de los pecados. Sabe que los pecados se perdonan con la confesión.

Es cierto que en muchos de sus sermones, Ferrán Martínez manifiesta a las claras un sadismo verbal y se jacta de humillar al pueblo judío. Al no conservarse ninguno de sus sermones, en la redacción literaria de los mismos he tenido que recurrir a la reproducción de citas de los Santos Padres, de obispos y Papas y a pasajes bíblicos —incluidos los Evangelios—. Por las quejas manifestadas en las cartas que los representantes judíos enviaron a los reyes y por las respuestas de estos, podemos colegir que el tono de los sermones iba en esa línea. Junto a este sadismo verbal, cabe pensar que Ferrán empuñara la espada en el asalto a la judería sevillana, porque, en esta época, obispos y clérigos no se andaban con remilgos a la hora de entrar en batalla. Y los asaltos a las juderías fueron auténticas batallas contra un enemigo indefenso, con lo que estaríamos hablando de un sadismo salvaje.

Con todo, lo más llamativo en la actuación del arcediano de Écija es su exacerbado odio antijudío que le lleva a plantearse como solución final el exterminio del pueblo hebreo. Con esta obcecación religiosa, su tormentosa idea fija, reúne a su alrededor una pequeña tropa de gente del pueblo y le trasmite su enconado rencor, sin el que es inimaginable que un hombre pueda convertirse en “matador de judíos”.

P. ¿Qué papel desempeñan los ‘matadores de judíos’ en esta novela? ¿Quiénes eran?

R. Durante la edad media, debido a una serie de acusaciones difícilmente creíbles en la actualidad —los judíos envenenan el agua de los pozos, fuentes y ríos; propagan epidemias; en sus oraciones blasfeman contra Cristo y la Virgen; cometen crímenes rituales con niños cristianos; se enriquecen desmesuradamente— se acrecienta el odio popular contra el pueblo hebreo. A finales del siglo XIII, en Alemania, Polonia y Suiza, bandas autodenominadas “matadores de judíos” asaltan las juderías para tomarse la venganza por su mano, más con intención de apoderarse de sus bienes que de convertirlos al cristianismo.

El ejemplo se propaga por Francia y por los reinos cristianos peninsulares. En 1328 el franciscano Pedro de Olligoyen (u Ollogoyen)  reúne unos centenares de “matadores de judíos” y, aprovechando un vacío de poder por la muerte del rey de Navarra, asalta las juderías de Estella, Funes, Tudela y Pamplona, entre otras. Ferrán Martínez va tomando conciencia de que la única manera de cumplir su misión exterminadora consiste en formar un ejército organizado de “matadores de judíos” y ponerse al frente. Y si en todo el reino de Castilla había un ejército organizado, ese era el del almirante Fernando Sánchez de Tovar, que armaba su flota y reclutaba a su tropa en el puerto de Sevilla. Nada sabemos de la relación del arcediano con el almirante. Por su importante posición en el cabildo de la catedral, Ferrán y Tovar se conocían. La relación de amistad, aunque verosímil, es totalmente ficticia, y me ha permitido contextualizar los hechos con la permanente guerra contra Inglaterra y Portugal, a la par que el almirante se convierte en el modelo que capitanea el ejército siempre hacia la victoria, sin dejar nada en manos de la improvisación.

P. Elaborar una novela de estas características implica manejar una copiosa y completa documentación. ¿En qué fuentes has bebido para escribirla?

R. Para la contextualización general de los hechos históricos de la época en que vive Ferrán Martínez, he contado con las obras del Canciller Pero López de Ayala —Crónicas de los reyes don Pedro I y don Enrique II, Crónica del rey don Juan I, y de la incompleta Crónica del rey don Enrique III— y de la exhaustiva relación de sucesos que Diego Ortiz de Zúñiga nos relata en sus Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y leal ciudad de Sevilla, que abarca desde 1246 a 1671.

Mi interpretación de la realidad judía de la época se debe a la documentadísima Historia Social, Política y Religiosa de los judíos en España y Portugal  de Amador de los Ríos, amén de a un par de artículos de Julio Valdeón Baruque.

A la hora de mover a mis personajes por una ciudad en la que no he estado nunca, he recurrido al Plano topográfico de la Muy Noble y Leal ciudad de Sevilla de Pablo de Olavide y al curioso libro de Félix González de León Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de Sevilla.

También muchos aspectos curiosos concretos se deben a una serie de lecturas de textos medievales: Proverbios morales de Sem Tob de Carrión, Lapidario de Alfonso X el Sabio, Cancionero de Baena, El libro de los gatos, cuya traducción al castellano de efectúa en la segunda mitad del XIV.

Igualmente, no ha faltado una extensa reseña biográfica del almirante Sánchez de Tovar, alguna tesis doctoral sobre las atarazanas, galeras y naves del siglo XIV y artículos sueltos sobre numismática.

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