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La Palma del Condado es el principal escenario de ‘La última distinción’, la última novela de Manuel García Félix. Pero es algo más. Recorrer sus calles, sus rincones, es toda una experiencia para la vista. Te invitamos a descubrir los secretos de esta localidad onubense. ¿Te vienes con nosotros?

Con poco más de 10.000 habitantes, La Palma del Condado levanta su caserío en el centro de la comarca Condado-Campiña, a unos 42 kilómetros al sur de Huelva. Una localidad de gran tradición vinícola y que cuenta entre su patrimonio con la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, del siglo XVIII, su espléndido Iglesia-Castillo del Valle —ubicación de la patrona de los palmerinos, la Virgen del Valle—, o el Castillo de la Reina, de origen árabe.

Iglesia parroquial San Juan Bautista.

Iglesia parroquial San Juan Bautista.

Los primeros vestigios de La Palma del Condado se remontan a la Edad del Bronce, aunque es en la época romana cuando los restos de asentamientos son más patentes en forma de cerámicas, una necrópolis y varias monedas hallados en las cercanías de la villa. Posteriormente, bajo denominación musulmana, se levantaron distintas alquerías situadas a lo largo del curso del arroyo Giraldo, de las que se conservan algunas ruedas de molino; amén del llamado Castillo de la Reina, una fortaleza de gruesos muros de pizarra ubicada en la carretera de La Palma a Valverde del Camino. Asimismo, es de destacar el Torreón Almenado del Valle, hoy convertido en ermita, que fue construido para servir de puesto de avanzadilla entre los reinos moros de Niebla y Sevilla. Finalmente, La Palma del Condado pasó a manos cristianas en 1262 bajo el reinado de Alfonso X ‘El Sabio, pasando a formar parte del Condado de Niebla desde 1369, y posteriormente a manos de la Casa Ducal de Medina-Sidonia y de otros señores. Durante la Guerra Civil soportó la presencia de tropas francesas, que fueron expulsadas en 1811 por el General Ballesteros.

Distintos personajes históricos dejaron, de una u otra manera, su huella en La Palma del Condado, tales como Cervantes, que pasó por la villa como recaudador de impuestos, el Duque de Montpensier, Washington Irving o la heroína local conocida como ‘Marimarcos‘, tabernera local que destacó en la resistencia contra las tropas francesas.

Una villa en la que a lo largo de los siglos se sucedieron distintas historias en las que sus habitantes tuvieron distinto protagonismo. Sobre todo en el siglo XIX. Como la apertura del testamento de un respetado y famoso clérigo del lugar y el amor imposible entre dos miembros de familias de muy distinta posición social; como el argumento de ‘La última distinción’.

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