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En las últimas semanas, a raíz de la inauguración en Madrid de un monumento a la figura de Blas de Lezo, se habla sin parar de este insigne y singular marino. Y especialmente de su gran gesta: la defensa de Cartagena de Indias, que lo elevó a la categoría de mito. Pero, ¿qué pasó en aquella batalla? ¿Te gustaría conocerlo?

La batalla de Cartagena de Indias ha sido narrada por numerosos autores a lo largo de la historia. Aquí, en Áltera, contamos con el privilegio de haber editado Almirante en tierra firme, de Jose Vicente Pascual, que recoge esta gesta del marino Blas de Lezo, el conocido como medio hombre ―le faltaba un ojo, una pierna y el brazo derecho―, nacido en Pasajes (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689, y que participó en un total de 22 batallas y expediciones rindiendo decenas de buques para España. De su valentía sirva como resumen la batalla de Cartagena de Indias, que aconteció del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741. La que también ha venido en llamarse La Guerra de la Oreja de Jenkins.

Los tiempos no eran nada fáciles para España. Deshonrada por el Tratado de Utrecht, que le obligó a desprenderse de varias posesiones continentales, aún le quedaban las americanas, críticas para asegurar el comercio con América. Lo que asimismo ambicionaban sus enemigos. Sobre todo, Inglaterra. En dicho continente descollaba Cartagena de Indias, preciosa y fortificada ciudad fundada en 1533 por don Pedro de Heredia y que servía como base logística de la Flota de la Armada Española, y también de puerto de entrada y de salida de todo el comercio con América del Sur. El interés inglés era del todo lógico.

Monumento a Blas de Lezo en Madrid.

Monumento a Blas de Lezo en Madrid.

Por aquel entonces actuaba en aguas de Florida un pirata llamado Robert Jenkins, al que tras un incidente con un guardacostas español amputaron una oreja a cambio de mantenerlo con vida. El capitán de la nave, Juan de León Fandiño, dicen que le espetó a Jenkins, oreja en mano: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Y Jenkins fue con el asunto, no al rey, sino al Parlamento de Londres, donde compareció en la Cámara de Comunes en 1738 para denunciar su caso con la oreja en la mano. Para verlo. El primer ministro Walpole, con la Cámara incendiada por las soflamas de Jenkins, se vio obligado a declarar la guerra a España en 23 de octubre de 1739. Lo mismo servía la oreja que la uña del dedo gordo de Jenkins. Inglaterra necesitaba una excusa para declarar la guerra, y la encontró.

Almirante en tierra firme Ediciones Áltera195 navíos envió a Cartagena de Indias con intención de conquistarla al mando del almirante Edward Vernon. 32.000 soldados, apoyados por 3.000 piezas de artillería, estaban listos para invadir una ciudad protegida por apenas 3.600 soldados y 6 navíos. Tan segura estaba de la victoria que el rey inglés mandó acuñar una serie de monedas para celebrar el triunfo. En ellas se podía leer: “La arrogancia española humillada por el almirante Vernon” y la fecha de la conquista, abril de 1741. Incluso, en las monedas aparecía un Blas de Lezo con todos sus miembros intactos. Para verlo.

Cartagena de Indias soportó y resistió el asedio inglés, cuyos soldados fueron frenados por las inexpugnables trincheras españolas, así como por mosquetes y bayonetas. De nada sirvieron los continuos bombardeos ingleses; Blas de Lezo insuflaba a sus tropas ánimos como para llevarse por delante a los ingleses. Asimismo, se encargó de dificultar todo lo que pudo el acceso al Castillo de San Felipe, cuyas murallas no pudieron escalar gracias a la excavación de un foso alrededor del mismo para que las escalas inglesas se quedaran cortas, u otras trincheras en forma de zigzag para que los cañones no pudieran acercarse demasiado.

Los enfrentamientos decrecieron, y el 9 de mayo, Vernon asumió la derrota inglesa. Con esta frase por carta anunciaba su decisión a Blas de Lezo: “Hemos decidido retirarnos, pero para volver pronto a esta plaza después de reforzarnos en Jamaica”. A lo que el marino guipuzcoano respondió: “Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres”.

Así era Blas de Lezo. Genio y figura.

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