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Francia, siglo XVI. Una corte palaciega llena de intrigas en la que emerge una figura única, Catalina de Médicis. Un potencial de tal calibre que cae en las manos de Montserrat Suáñez, capaz de tejer una novela repleta de páginas que pasen de la intriga a la comicidad en un breve espacio de líneas. Una novela que es el reflejo de la personalidad de una autora que maneja a la perfección las reglas del mundo que ahora pone al alcance de los lectores.

La corte del diablo es mucho más que una novela; es un viaje trepidante a una de las épocas más explosivas de la historia del Viejo Continente; es una radiografía de los distintos pareceres del espíritu humano, de sus luchas y contradicciones; es un compendio de todo el saber acumulado por su autora, Montserrat Suáñez, que demuestra dominar el tema y la época como pocos, tal y como demuestra la legión de seguidores de sus blogs; y es una novela que encandilará por completo a cualquier lector. Y mucho más. ¿Tantas? ¿De verdad? Su autora tiene la palabra:

Blog Áltera: ¿Qué va a encontrar el lector en La corte del diablo?

Monterrat Suáñez: Mucha historia y una buena dosis de aventura. Se trata de asistir a los acontecimientos y desmenuzar las intrigas que se fraguaban durante los últimos años del reinado de Carlos IX, justo antes de la masacre de San Bartolomé.

Montserrat Suáñez autora de La corte del diablo

Montserrat Suáñez, autora de La corte del diablo.

B.A: Son habituales las novelas que desvelan intrigas palaciegas en muchas cortes, pero pocas veces en esa monarquía francesa de mediados del siglo XVI. ¿A qué obedece este interés por escribir una novela de estas características?

Es una larga historia. Supongo que todo comenzó en París, durante mi época de estudiante. Por las tardes me gustaba recorrer las librerías en busca de viejos tesoros, y así fue como un día cayó en mis manos un ejemplar de las memorias de la reina Margot. Al verlo recordé lo mucho que había disfrutado con las novelas que Alejandro Dumas escribió sobre aquellos tiempos: La reina Margot, La Dama de Monsoreau, Los cuarenta y cinco… De hecho, todavía hoy utilizo el nombre de Diana de Méridor en uno de mis dos blogs. Dadas las circunstancias, no podía resistirme a leer las memorias. Lo hice, y me causaron una impresión tan fuerte que a partir de ese momento comencé a coleccionar cuanto material se ponía a mi alcance sobre Catalina de Médicis y sus hijos. Es que esa época y lugar tienen el irresistible atractivo de lo perverso.

 B.A: En una escala de 1 a 10 de mujeres de armas tomar, ¿dónde colocarías a Catalina de Médicis?

M.S: Ella es el 10, desde luego. Nadie movía los hilos como Catalina de Médicis. Su mente era su mejor arma, y cuantos la rodeaban tenían motivos para temerla, porque digamos que los escrúpulos no eran su fuerte.

La corte del diablo Monserrat SuáñezB.A: Sin duda, has decidido novelar una de las épocas más apasionantes de la Edad Moderna en Francia, y sin embargo no tan conocida como los reinados de otros monarcas. Una Francia aprisionada entre Inglaterra y España, pero con fuerza y resolución suficientes como para tener su propio peso en el escenario europeo…

M.S: Y en ello radica precisamente el mérito de Catalina de Médicis. Ella, una mujer, extranjera y frecuentemente despreciada por su origen plebeyo, no sólo consiguió aferrar las riendas y retener el poder frente a quienes se lo disputaban, sino que también fue capaz de mantener esa posición de Francia como potencia en Europa. Lo logró a pesar de que el reino se desangraba por una sucesión de guerras civiles y que quienes gobernaban en España e Inglaterra eran nada menos que Felipe II y la reina Isabel. Tenía que entenderse con los dos al tiempo que aplacaba a sus hugonotes. Casi nada. Lamentablemente, los métodos que empleó en ocasiones son más que cuestionables, incluso para su tiempo.

B.A: En la novela se advierte una exquisita labor documental. ¿De qué fuentes has bebido para trazar la trama y los distintos personajes que protagonizan La corte del diablo?M.S: Desde que descubrí aquellas memorias, durante trece años esa época fue mi manía, mi obsesión. Me interesaba, tanto como los acontecimientos, entrar en la mente de Catalina de Médicis y profundizar en la psicología de los personajes, en su personalidad; llegar a entenderlos, a conocerlos bien. Después de tan largo periodo reuniendo documentación por media Europa, al final me resultó todo tan familiar que acabaron surgiendo dos novelas.

 B.A: La corte del diablo destila a partes iguales dramatismo y comicidad, dos elementos que no siempre han casado en la novela histórica, salvo excepciones. ¿Es una necesidad de la trama o simplemente un deseo de demostrar que la historia también se puede contar de forma divertida y amena?

M.S: Sí, siempre aspiro a contar la historia de una forma amena, pero además había una necesidad de equilibrio. Los acontecimientos que estaban teniendo lugar durante aquellos años resultan tan dramáticos que había que conceder tregua al lector. Pensé que existía el riesgo de agobiarlo, de asfixiarlo, si no se le ofrecían esos respiros en forma de episodios y enredos divertidos con los que se salpica la narración. Contar también con personajes ficticios proporciona una libertad que facilita mucho esta labor. Yo no quiero que el lector se angustie, ni que caiga abrumado por el peso de un montón de datos; lo que quiero es que se divierta, que se evada por un rato mientras conoce momentos apasionantes de la historia de Francia. Bastantes disgustos llevamos ya cuando cerramos el libro y abrimos el periódico.

B.A: A todo esto, ¿quién mueve los hilos en una corte, sea cual sea su naturaleza?

M.S: Depende. Esos hilos son entramados de intereses y ambiciones, pero no siempre son los mismos. Creo que lo único que tienen en común es que, desde luego, nunca ha sido el pueblo quien los mueve.

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