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Primera Guerra Mundial. Frentes por doquier repartidos por Europa, especialmente; millones de muertos, trincheras que se convierten en tumbas para soldados de todas las nacionalidades; nuevas y más destructivas armas. Es el fin de la inocencia y de la idea romántica de la guerra. A la guerra se va a matar. Por eso es necesario que alguien ponga fin a todas ellas. Al menos, aquella primera, la Gran Guerra. Imanol Guillén cuenta en El hombre que puso fin a las guerras cómo se tejieron sus mimbres.

Y es curioso porque el origen de esta novela tiene más bien relación con su final, acontecido el 11 de noviembre de 1918. Alguna vez habrás visto en imágenes de TV, por esas fechas, que especialmente en Gran Bretaña se estila la tradición de portar una amapola en el ojal. La explicación del hecho es sencilla: con este gesto se conmemora a todos los muertos caídos en conflictos bélicos, sobre todo los que se dejaron la vida en los campos de amapolas de Francia y Bélgica durante la Primera Guerra Mundial.

El hombre que puso fin a las guerrasEste detalle no pasó desapercibido para Imanol Guillén, que atesora un gran talento para contar historias unido a su profundo conocimiento de la sociedad inglesa ―durante quince años trabajó en el departamento de Español de la BBC―. A eso hay que sumar que el abuelo de su esposa luchó en la Gran Guerra y que todavía su familia conserva el uniforme y se habla con naturalidad de la contienda. Motivos más que suficientes para escribir El hombre que puso fin a las guerras, novela que ahonda en las palabras del historiador y economista británico Anthony C. Sutton; su creencia de la existencia de una infrahistoria nunca contada de la creación deliberada de la Gran Guerra dio pie a Guillén para buscar en archivos todo lo referente a los prolegómenos de dicha guerra. Finalmente, faltaba plasmarlo en una trama que se apoya en las peripecias de un inspector de policía que entra en contacto con distintos agentes europeos con el fin de averiguar por qué se le ha encargado una investigación internacional; peripecias que lo llevarán hasta el frente ruso y a contactar con la más baja estofa de los servicios secretos de los países contendientes en la Primera Guerra Mundial.

Sarajevo, Bayona, París, Berlín, Zúrich, Petrogrado (San Petersburgo), Nueva York, campos de batalla como los de Verdún… La Primera Guerra Mundial contada desde el punto de vista de una persona, la de El hombre que quiso poner fin a las guerras.

Fuente: La Opinión de Málaga y elaboración propia.

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