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¿Pudo existir un hombre que quiso poner fin a las guerras? ¿Por qué? Porque como nos cuenta Imanol Guillén, autor de El hombre que puso fin a las guerras, la historia tal y como la hemos estudiado, la que consta en las fuentes oficiales, es sólo una parte del todo. Y de la Primera Guerra Mundial aún quedan muchas cosas por contar…

Leer El hombre que puso fin a las guerras es zambullirse en los meses previos al inicio de la Primera Guerra Mundial; es conocer de primera mano la guerra, su crueldad, es revolcarse en el barro de las trincheras y es mirar al frente esperando a ver desde dónde llegaría la muerte; es una novela que atrapa y transporta hasta una época en que la ingenuidad fue barrida por la realidad: la realidad de que el hombre mata, y nada le detiene cuando tiene que hacerlo. Hemos charlado largo y tendido con su autor, Imanol Guillén. Una charla igual de interesante que la misma novela.

Blog Áltera: ¿Quién fue el hombre que quiso poner fin a las guerras?
Imanol Guillén: No se entendería quién es si no se explica antes el título. Al poco de comenzar la Gran Guerra, el escritor británico G.H. Well realizó un premodición -poco acertada, la verdad – cuando dijo que “esta será la guerra que pondrá fin a la guerra”. He jugado con esta idea para novelar el deseo que existía en el Gobierno alemán –y en otros me consta, aunque no lo hicieran tan patente -, así como entre la cúpula de la oligarquía norteamericana, para iniciar un conflicto bélico que les posicionara en un estatus geopolítico predominante en Europa. En la novela el hombre que intenta ‘poner fin a las guerras’ es el agente alemán encargado de buscar una excusa para que Alemania entrara en un conflicto que se pudiera vender al pueblo como algo justo. Por eso organiza varios atentados fallidos hasta que el 28 de junio de 1914, cuando un grupo de jóvenes, apoyados por los serbios y asesorados por este agente alemán, atenten contra el Archiduque Francisco Fernando, lo que desencadenaría un conflicto mundial por la política de alianzas en aquella Europa de Imperios.

El hombre que puso fin a las guerrasB.A: En alguna ocasión has explicado que te guiaste por las palabras de Anthony C. Sutton, quien creyó en la existencia de una infrahistoria que atribuía el estallido de la Primera Guerra Mundial a claros intereses, sobre todo la entrada de EE.UU en la misma. ¿De qué manera las has utilizado para dar forma a la trama de la novela?
I.G: En realidad Sutton sostiene la teoría cada vez más extendida de que la historia que todos hemos estudiado, la que nos cuentan las fuentes oficiales u oficiosas, es solo parte de un todo y que existe otra historia que no interesa que se conozca, como por ejemplo el motivo por el que Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, (banqueros como JP Morgan presionaron al poco experto en política internacional presidente Woodrow Wilson a intervenir, porque de lo contrario la banca norteamericana jamás recuperaría el dinero prestado en Bonos de Guerra a países como Gran Bretaña, Francia, pero también Rusia y Alemania, todos en bancarrota); o por ejemplo, que la revolución bolchevique se sufragó con dinero y ayuda de Wall Street. En realidad, Sutton nos abre los ojos para que veamos más allá de lo que cuentan los libros de historia, no para explicar sucesos si no para entender en toda su magnitud lo que sucedió en la turbulenta primera mitad del Siglo XX.

B.A: Cien años después, quedan muchos interrogantes aún sin responder relacionados con esta guerra. Uno de ellos es el asesinato del archiduque Francisco Fernando, que fue su detonante. ¿Atentado, operación perfectamente planificada? ¿Qué has encontrado entre tanta documentación que te impulse a pensar más en lo segundo que en lo primero?
I.G: Una de las dudas a las que llegas cuando te introducen en el estudio de este genocidio es si el Ejército Austro-Húngaro tuvo algo que ver en el atentado del Archiduque. Y hay varios motivos para creer que así fue. Se sabía que existía un enorme descontento en un amplio sector del ejército austriaco por la política que pretendía aplicar el futuro emperador con relación a los eslavos. Muy distinta a la de su tío, el emperador Francisco José. El Archiduque pretendía su unificación y convertir el doble imperio en un triunvirato, algo que los militares no veían con buenos ojos. Además, su odio hacia lo húngaros era cada vez más público y más hiriente. Los consideraba unos salvajes, y no dudaba en decirlo en cualquier lugar. Por otro lado, existen circunstancias que no parecen lógicas. Se sabía que existía una conspiración terrorista el día 28, cuando los serbios celebraban una de sus mayores festividades. En las afueras de Sarajevo estaban apostados 36.000 soldados como parte de unos ejercicios militares, y sin embargo a pesar de las advertencias del jefe de policía de Sarajevo, se permitió que a Francisco Fernando y su esposa sólo les escoltara un puñado de policías. Como razón de la ausencia de soldados se adujo que no contaban con los uniformes de gala. Los mandos militares más próximos al Archiduque conocían la gravedad de la situación, el peligro que corría su vida y sin embargo ese domingo no estaban presentes excepto como pasajeros en el convoy que cruzó la ciudad camino del Ayuntamiento.

WAR SERVICE CERTB.A: Uno de los atractivos de la novela es la extensa documentación que se atisba en cada una de sus líneas. ¿Cómo fue el proceso de documentación? ¿Qué tipo de fuentes consultaste?
I.G: La verdad es que tuve que realizar varios viajes a Inglaterra a por libros, y en el proceso de documentación conté con el asesoramiento de una historiadora alemana. También me ayudó la información que me suministró la policía francesa. Y por supuesto Internet fue una importante herramienta para buscar información. En total me llevó cerca de tres años reunir y ordenar la información.

B.A: Conoces bien la sociedad británica, no en vano trabajaste durante bastantes años en el servicio de español de la BBC. ¿De qué manera has utilizado este bagaje para conformar la atmósfera de la novela?
I.G: En la obsesión por el detalle, por no dejar pasar nada por alto, algo que siempre he admirado de todas las producciones de la BBC, ya sean series de televisión o informativos.

soldado británico Primera Guerra Mundial 'El hombre que puso fin a las guerras'

Foto del abuelo de la mujer del autor de la novela.

B.A: Asimismo, contabas con información de primera mano, como la participación del abuelo de tu mujer, que tomó parte de la contienda. ¿Qué rastros de su experiencia puede encontrar el lector en la obra?
I.G: En realidad la historia del abuelo de mi mujer es uno de los motivos que me llevó a escribir una novela ambientada alrededor de la Primera Guerra Mundial. Su recuerdo, la presencia en la casa de mis suegros de su uniforme, de sus fotografía montando a caballo como Teniente de una unidad de artillería de la Fuerza Expedicionaria Canadiense, me llevó a profundizar en las motivaciones y consecuencias de este conflicto. Su rastro se puede ver en la pequeña parte que se desarrolla en la guerra. Cuentan en la familia de mi mujer que el militar, a su regreso de Francia, nunca habló del conflicto y cuando se le preguntaba por la guerra siempre respondía lo mismo: “sangre, ratas y barro”.

B.A: Esta novela deja tan buen sabor de boca que pide a gritos, al menos, una segunda parte. ¿Tendrán los lectores la suerte de leerla en algún momento?
I.G: Sin duda. Ya estoy recopilando información para otra novela que se extiende en el periodo entre guerras y en concreto en los años previos a la Segunda Guerra Mundial y que llevará al lector por Francia, Estados Unidos, Alemania, Portugal, España, Noruega, Japón…y como clave un par de asuntos que de momento prefiero guardarme en el bolsillo.

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