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Captar la esencia de épocas remotas es difícil, y si en ellas vivieron personajes que dejaron huella en la humanidad, más si cabe. Y si varias, para colmo, coincidieron a la vez e incluso se relacionaron, la labor del escritor adquiere proporciones ciclópeas. José Barroso solventa con mucha solvencia tan impresionante reto en El ocaso de Alejandría. Y esto no ha hecho más que empezar…

Cleopatra, Julio César, Marco Antonio, Augusto, Cicerón… ¿Qué caracteriza a todos estos personajes? Que vivieron en la misma época. El siglo I a.n.e es uno de los más apasionantes de la historia, y a su vez de los que más pasiones enciende entre los historiadores. A rebufo, algunos escritores se animan a adentrarse en tan procelosas aguas, de las que prácticamente nunca salen indiferentes. Al contrario, dicho siglo es como una picadura de escorpión: su veneno avanza lentamente hasta atraparlos para siempre. Es lo que le ha ocurrido a José Barroso con El ocaso de Alejandría, que es sólo el comienzo de lo que está por venir; que es mucho, y bueno.

Blog Altera: ¿Por qué El ocaso de Alejandría? ¿Qué te impulsó a novelar una de las épocas más excitantes de la antigüedad como fue el siglo I a.n.e?
José Barroso: Lo que más me llama la atención de este siglo es la pléyade de personajes importantes que nos legó para la historia. Si uno echa la vista atrás en una u otra época, encuentra personajes muy interesante sobre los que escribir como Napoleón, Einstein, Isabel la Católica, Enrique VIII o Leonardo DaVinci. La diferencia estriba en que todos ellos tuvieron pocos o ningún coetáneo a la altura de su importancia histórica. Sin embargo, en el siglo I a. n. e., Julio César, Marco Antonio, Octavio Augusto, Cleopatra, Pompeyo y Cicerón pudieron coincidir en una misma habitación. La riqueza histórica de este siglo no tiene parangón, además de constituir la base de nuestro actual derecho, de la sociedad civil o de la legislación. Incluso Egipto compraba deuda de otros países y Roma devaluó su moneda para mejorar las exportaciones. ¿Les suena? Pues ocurría hace 2000 años.

José Barroso.

José Barroso.

B.A: El personaje central de la novela es Cleopatra VII, una joven destinada a un matrimonio menor, pero que acabó convirtiéndose en la mujer más poderosa del mundo. ¿Qué retrato de Cleopatra se va a encontrar el lector, acostumbrado a todo tipo de estereotipos al respecto?
J.B: Sobre todo me interesa una Cleopatra humana y real. El primer dialogo de Cleopatra en la novela lo tiene con cinco años y pretendo que sea una niña; una adolescente con catorce, que mira a los soldados entre risitas con sus amigas; una joven que se cree que los sabe todo a los diecinueve… En definitiva, pretendo hacerla evolucionar hasta convertirse en una gran gobernante.

Cleopatra recibió una formación al alcance de muy pocas personas de su época o de cualquier otra. Su lengua materna era el griego pero hablaba con fluidez Latín, Eduo, Egipcio y Hebreo. Y por supuesto estuvo influenciada por su romance con Julio César y posteriormente con Marco Antonio. Sus relaciones la hicieron crecer y convertirse en la soberana que fue. Por todo ello, el mayor estereotipo que hay que vencer a este respecto es el de pensar que nació sabia y sabiendo gobernar. En El Ocaso de Alejandría vamos a encontrarnos con el camino que llevó a Cleopatra a ser lo que fue.

B.A: Marco Antonio, César, Cleopatra… Leída la novela, ¿por que se han deformado tanto estos personajes en otras representaciones, especialmente en el cine?
J.B: En muchas ocasiones, el cine tiene objetivos distintos a los de la literatura y por ello se ven obligados a realizar representaciones de personajes que chocan con la realidad. En la Cleopatra de Elizabeth Taylor se omite el origen griego de Cleopatra, se resta importancia a César en favor de Marco Antonio, y en muchos aspectos se pervierte la historia.
Es algo que ocurre en muchos clásicos: el Espartaco de Kubrick se mueve entre la vergüenza ajena y la hilaridad para los historiadores, y más recientemente el Gladiator de Ridley Scott quiere hacernos pasar por real una historia sacada de cuatro contextos históricos diferentes.
En el apartado positivo hay que decir que estas películas, y muchas otras, han hecho que muchas personas se interesen por esta época y sus personajes y se lancen a devorar la literatura existente.

B.A: Sangre, sexo, batallas, multitud de personajes que desfilan por las páginas de la novela… ¿Qué documentación has manejado para dar el clima que se respira en la novela?
J.B: La verdad es que la cantidad de documentación que hay que manejar es atroz. Nos han llegado varias fuentes y hay que servirse de ellas para crear los personajes e ir navegando por las situaciones. Creo que puedo poner un ejemplo muy práctico con el personaje de Marco Antonio. Me baso casi prácticamente en las Vidas paralelas de Plutarco. Cualquier lector que se lance a leer a Plutarco encontrará a un Marco Antonio vividor, demasiado aficionado a la buena vida, inconstante y mujeriego, aunque buen militar. El personaje retratado por Plutarco me resulto muy goloso y decidí hacerlo mío para El Ocaso de Alejandría. En otros casos, como la propia Cleopatra, el personaje está construido desde cero basándome en las diferentes fuentes, Dión Casio, Plinio “ el Viejo”, Cicerón, Julio César e incluso las terribles calumnias póstumas de Octavio Augusto.

Por lo tanto, en una novela de este calado tienes que estar continuamente decidiendo con que versión quedarte y que le va mejor a tu personaje, pero cuantas más fuentes consultas, más rico consigues hacer el texto.


El ocaso de Alejandria Editorial AlteraB.A:  Una de tus máximas es basarte en rigurosa documentación para posteriormente tejer sobre ella la trama de tus novelas. ¿Cómo has trasladado esta documentación a la novela sabiendo que, en ocasiones, mucha documentación dificulta el desarrollo de la misma trama?

J.B: La documentación puede ser un laberinto. Una misma batalla tiene tres recuentos de bajas, de modo que al final tienes que decidir con qué quedarte y como exponerlo. Por poner un ejemplo, en Farsalia, me quedo con la estrategia que nos cuenta el propio Julio César, aunque no me creo las bajas que nos propone, de modo que propongo un recuento basado en varias fuentes e informo al lector de ello.

A la hora de plasmar la historia siempre tengo en cuenta que escribo novela, no libros de texto y, por supuesto, me permito ciertas licencias por el bien de la trama, aunque intentando siempre no traicionar el rigor histórico.

B.A:  Sabemos que en tus próximos proyectos no vas a dejar el mundo antiguo, pues estás inmerso en Imperium, una saga que novelará el devenir del Imperio Romano en el siglo I a.n.e. ¿Con qué vas a sorprender a los lectores?
J.B: La siguiente novela, El Ocaso de la República, se centrará en la vida de Octavio Augusto. No comienza donde acabó El ocaso de Alejandría sino unos años antes. Retomamos a un Julio César en sus último días de vida que decide dejar el mundo en manos de su sobrino y vamos a conocer que ocurrió con todos sus asesinos, como un joven de diecinueve años se hizo con el poder en una oligarquía gerontocrática y, por supuesto, que fue de Octavio tras la desaparición de Marco Antonio y Cleopatra, hasta su propia muerte en el año 14.

Además nos detendremos en partes de la historia por las que apenas pasamos en la primera novela, como la batalla de Filipos o la rebelión de las tropas de Bononia. Mismo ambiente y misma época, pero algunos de los personajes principales de “El Ocaso de Alejandría” pasan a ser secundarios y viceversa.

Muchos lectores que acaban El Ocaso de Alejandría me preguntan: ¿Qué le queda a República? Vamos a dar una primicia: estará acabada en el primer semestre de 2015.

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