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Si hojeas La corte del diablo, la preciosa novela de Montserrat Suáñez, te toparás con este colectivo que fue perseguido y aislado por la sociedad francesa durante el siglo XVII. Creían que la autoridad de Dios estaba por encima de todas las cosas, la premisa de Calvinismo. Una visión de la vida que chocó con la realidad de un país que no los quería.

Juan Calvino.

Juan Calvino.

El origen de los hugonotes se remonta a 1512, aunque no se unieron a las tesis defendidas por Juan Calvino hasta 1534, año en el que este religioso se vio obligado a abandonar Francia para establecerse en Ginebra. Una vez allí, además de publicar su obra La institución de la Religión Cristiana, se lanzó a la organización de iglesias reformadas en el país del que tuvo que huir. La cosa no quedo ahí: también criticó a la Iglesia Católica por los métodos empleados y dedicó todos sus empeños a impulsar la creencia de que el cielo había que ganárselo en la tierra.

En Francia, el grupo de los llamados hugonotes tomó vuelo y comenzó a propagar las doctrinas de Calvino. A pesar de los recelos iniciales y posterior resquemor de los poderes franceses, que no veían con buenos ojos a los reformistas franceses, llegaron a presentar una declaración doctrinal calvinista al rey Francisco II, recién proclamado rey de Francia, durante el Sínodo de París celebrado en 1559. La aristocracia, que pertenecía a la Casa de Guisa, no se quedó de brazos cruzados e inició una persecución contra los hugonotes y sus familiares, a los que culpaban de herejía.

Persecución contra los hugonotes.

Persecución contra los hugonotes.

La llegada al trono de Enrique IV cambió su suerte. Creía en el Calvinismo, pero se vio obligado a abrazar el catolicismo para ser rey de Francia aunque siguió simpatizando con sus creencias originales, e incluso ayudó a los protestantes con plazas de poder dentro del Gobierno y de la sociedad. Todo parecía haber terminado para ellos cuando el 13 de abril de 1598 firmó el Edicto de Nantes, que ponía fin a las guerras de religión y garantizaba la libertad de culto.

Parecía haber terminado, decíamos. El 18 de octubre de 1685, Luis XIV revocó dicho edicto de forma unánime y prosiguió el exterminio de hugonotes. Incluso hasta llegó a dedicar un grupo exclusivo del ejército para dicha tarea. Los protestantes no tuvieron más remedio que huir a Países Bajos, Inglaterra, Suiza  a Prusia, así como a las colonias británicas. Sin ir más lejos, su participación en la aparición de una nueva nación en América del Norte sería fundamental.

1802 sería un año capital para los hugonotes. Gracias a Napoleón recuperarían todos sus derechos.

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