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La conocemos como una reina fría, calculadora. Montserrat Suáñez nos realiza una extraordinaria descripción de ella en La corte del diablo, pero con este post vamos a desvelar su pasión por la cocina. Por ejemplo, ¿sabías que conocía los poderes afrodisíacos de ciertos alimentos y que le encantaba comerlos?

Una reina enérgica debe hacerse respetar por todos y ante todo, lo mismo que un rey; nada debe quedar al margen de su conocimiento aunque no se encargue directamente de tal o cual asunto. Catalina de Médici era una de las primeras. Y la cocina la controlaba como pocas a pesar de que no cocinaba. Pero sí sabía qué se cocía en cada instante, con qué y cuáles eran los ingredientes de cada plato.

Al llegar a Francia trajo consigo de todo: cocineros, reposteros, vinateros… Sus banquetes y fiestas serían recordados por siglos. No en vano, cada convite era un acto político al servicio de sus intereses, además de para mostrar a ojos de sus invitados su poder y el de la monarquía francesa. Y lo más importante: la cocina francesa puede dar gracias a ella, en parte, lo que es ahora gracias a la revolución que trajo consigo: sabores dulces y salados, el uso del aceite de oliva, la preparación de la pasta, del pato a la naranja, de la sopa de cebolla o del pollo al vino… Incluso la preparación de los hojaldres y vol-au-vent. Más allá: de no ser por Catalina de Médici, posiblemente los franceses desconocerían los helados cremosos, las esculturas de azúcar o golosinas y dulces de todo tipo.

Catalina de Médici, protagonista de La corte del diablo, de Montserrat Suáñez

Catalina de Medici.

Pero también sabía qué servir en la mesa en cada momento. Es famosa la anécdota de que en una ocasión sirvió alimentos cuyo número sólo era divisible entre 3: 33 asados de cabra, 33 liebres, 6 cerdos, 66 gallinas de caldo, 66 faisanes, 3 partidas de judías, 3 guisantes y 12 de alcachofas. ¿La razón? Su pasión por la numerología y la astrología. Pero no menos destacado era su conocimiento del poder afrodisíaco de ciertos alimentos, lo que le hacía tomar en cada comida ciertas cantidades de cardo, cebolletas, pepinos, apio, setas y habas. Y por encima de todos ellos, las alcachofas, que los franceses aprendieron a cocinar al vino, y las espinacas, que le gustaba especialmente a la manera florentina. Todo con tal de quedar encinta de su esposo, el rey Enrique II de Francia.

FUENTE: Amorenlamesa.blogspot.com.es

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