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¿Existían callejeros en el siglo XVI? Esta es la pregunta que te lanza Gerardo Ruiz Lomo a resultas de su nueva novela El oro del Nuevo Mundo. Y si no existían, ¿cómo se guía el autor en la trama de una novela recorriendo las calles, por ejemplo, de la ciudad de Sevilla?

Gerardo Ruiz Lomo, autor de El oro del Nuevo Mundo, lo tiene claro: en el siglo XVI no existían los callejeros. “Ni siquiera Páginas Amarillas”. La explicación que nos da es muy, pero que muy interesante:

“Cómo me agencié un plano de Sevilla, de Laredo, de Tordesillas, etcétera. Hubo de todo. En el caso de Sevilla me resultó muy fácil: en el XVI dicha ciudad se estaba convirtiendo en una de las ciudades más importantes de Europa, y a un simpático alemán (más listo que los ratones coloraos) se le ocurrió incluirla en uno de los planos-dibujos que estaba haciendo de las principales ciudades europeas. Civitates Orbis Terrarum, se llamó el invento. Búsquenlo en internet, merece la pena ver con qué detalle describe aquellas ciudades. Con otras no tuve ni que moverme de casa, ni siquiera tirar de la internete; sólo del lomo del libro de Anton van den Wyngaerde que está en mi biblioteca. Éste lo hizo por encargo de Felipe II, y es digno de ver con qué mimo y cariño va recreando a plumilla ciudades como Cuenca, Tordesillas, Granada, Madrid… durante los numerosos viajes que hizo por toda España.

Mapa de Sevilla siglo XVI El oro del Nuevo Mundo

Gracias a ellos, y algunos más, los nombres de las calles que aparecen en el libro, las descripciones de los palacios y edificios, los nombres de los personajes de no ficción que aparecen en el libro, sus cargos, su edad, su puesto en 1517 y hasta en qué ciudad estaban ese año, son verdaderos y exactos. Se lo aseguro, se lo garantizo y le animo a que lo compruebe. Palabrita del niño Jesús.

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