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¿Qué relación mantuvieron Pitágoras y un joven educado en el pitagorismo más estricto nacido siglos después de haberlo hecho el maestro? ¿Dónde reside la verdad del Pitagorismo? La hermandad Pitagórica nos muestra el camino.

Hermandad Pitagórica Santiago Zaldívar Ediciones AlteraCuenta la leyenda que, a su muerte, Pitágoras encargó a una de sus discípulas recoger y transmitir la historia de la primitiva hermandad. Ese encargo perduró durante siglos. Hasta la época de Arquémaco, sin ir más lejos, un joven educado en el pitagorismo más extremo del que, por diversos avatares, se ha ido alejando poco a poco. Hasta que un buen día escucha a su mujer, Aesara de Tarento, cantar la historia de la primitiva humanidad al son de su cítara; que, después, también aprenderá su hijo. La repentina muerte de su descendencia apagará lentamente la vida de Aesara, quien culpa a su marido de la brusca desaparición del niño. Pero, antes de morir, Aesara pide a Arquémaco que continúe la línea abierta por el maestro.

Es ahí, junto a la tumba de su mujer, cuando Arquémaco inicia la búsqueda de la verdad sin adornos de lo que fueron los inicios del Pitagorismo. Y para ello tendrá que alejar su relato de todo lo que aprendió, incluso de las creencias en las que fue educado, hasta hallar la verdad del Pitagorismo. Y también la de su propia vida.

Santiago Zaldívar nos transporta a una época pretérita en la que la verdad, el pensamiento y la razón son las palas que impulsan la navegación a través de las páginas de La hermandad Pitagórica. Una verdad que puede cambiar muchas vidas. Incluso, quién sabe, si también la tuya…

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