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Una novela para reflexionar. El lagar y el arado, la primera obra de Francisco Barreiro, pretende remover conciencias y mostrar los hechos desde una perspectiva histórica que permita conocer, y después entender, el enfrentamiento larvado entre árabes y judíos. Dos tramas con cuatrocientos años de separación entre una y otra se encargan de hacerlo. Tú como lector tienes la última palabra.

Aquí puedes encontrar la reseña de El lagar y el arado, la primera novela de Francisco Barreiro, que narra la historia de dos personas que viven la misma realidad con cuatrocientos años de diferencia, los mismos problemas. Una novela de sentimientos y sensaciones. Los mismos que te va a despertar la entrevista con su autor. Una reflexión profunda y atinada de una situación que, pase el tiempo que pase, nunca encontrará solución por fácil, y difícil a la vez, que parezca.

Blog Áltera: Cuatrocientos años separan las historias de los personajes retratados en la novela. ¿Por qué una trama con tanta separación entre los protagonistas? ¿Cuál es el objetivo de El lagar y el arado?

Francisco Barreiro: Cuatrocientos años son muchos, de manera especial cuando pensamos en los tiempos actuales, en que los cambios económicos, sociales y tecnológicos avanzan a velocidad de vértigo, de tal forma que entre el siglo XVII y el XXI pocas cosas nos parecerían comparables. Pero eso no sucedía en aquellos tiempos, en que apenas había cambios culturales y tecnológicos. Pensemos que la primera historia ocurre en los primeros años de la edad de hierro y la segunda aún seguía en ella. Quizás el cambio más importante, al menos dentro de esta nación, fue el político con la introducción de una monarquía, con todo lo que ella suponía: tributos, pleitesía, etcétera, pero aun así podemos pensar que estamos dentro del mismo contexto.

En definitiva, mi propósito es seguir publicando sobre otras muchas historias que ocurren desde el nacimiento de este pueblo hasta la venida de Jesús (unos dos mil años), porque a pesar de hablar de dos milenios, sin duda mucho tiempo, siempre hay una línea común que no cambia nada. Y el propósito es tratar de entender precisamente ese sentimiento que no caduca nunca.

B.A: Un lagar y un arado marcan el devenir de la historia, la agricultura como centro de atención y un mundo que se derrumba a su alrededor y que afecta a sus vidas y a su pueblo. ¿Cómo afronta cada uno de los personajes lo que les ha deparado el destino?

F.B: Israel era un pueblo que dependía únicamente de la agricultura y ganadería, sus vecinos tenían una buena industria en torno al hierro, los metales preciosos o el textil, pero ellos, quizás por sus orígenes nómadas, se centraban casi en exclusiva en este campo. El primero de los personajes de la novela está en el lagar y reacciona con escepticismo, temor y dudas, quizás por recibir las instrucciones de una persona desconocida para él, pero después se entrega al proyecto de tal forma que aun cuando las dudas le acompañan, pasa a la historia como uno de los grandes héroes de esta nación.

El segundo, con las manos en el arado, recibe el testigo de uno de sus ídolos y reacciona con sorpresa y con cierto orgullo al sentirse elegido, y se entrega sin dudarlo y de tal forma, que también pasará a la historia de este pueblo como uno de los grandes.

Francisco Barreiro, autor de 'El Lagar y el arado'. Ediciones Áltera

Francisco Barreiro, autor de ‘El Lagar y el arado’.

B.Á: Una novela que va a permitir a muchos lectores tener un conocimiento más exhaustivo de lo que está ocurriendo en la actualidad en Oriente Medio. ¿Qué sensación causa ver que los problemas son siempre los mismos y nunca se resuelven pase el tiempo que pase?

F.B: Sin duda. Ambos pueblos, árabe y judío, proceden de la misma persona, Abraham, y de sus hijos Ismael e Isaac, y ambos pretenden el legado del heredero escogido por Dios. Y esa es la base del enfrentamiento que comenzó entre los hijos de Ismael y los hijos de Isaac hace casi cuatro mil años y siguió así a través de las generaciones hasta hoy, discutiendo por los derechos sobre Dios y sobre las tierras que Dios les dio.

En el fondo es un problema que trasciende a toda la raza humana, que ambiciona el poder y el control sobre los demás, pero en este caso hay una nota diferenciadora que hace que no se olvide a través de las generaciones y mantenga constantemente el fuego vivo y lo seguirá haciendo hasta los últimos tiempos: la identidad judía y la árabe. Y esa identidad no se puede entender al margen de Dios y de una equivocada visión que ambos tienen de Dios tratando de monopolizarlo. Dios es Dios de todos, a todos ha creado, a todos ama y por todos ha dado a su hijo Jesús y a todos ha dado su rol en el mundo. Mientras no lo asuman, eso no cambiará, y yo no tengo dudas de que no lo asumirán hasta que el mismo Dios intervenga.

B.Á: La historia de Israel se aprecia en cada página de esta novela. ¿Por qué Israel? ¿De dónde viene el interés por este país y su pueblo?

F.B: No puedo esconder que el interés por este pueblo nace de mis creencias religiosas basadas en la revelación de Dios al mundo a través de él. Pero al margen de eso, tiene que ser sorprendente para cualquiera que un pueblo tan pequeño en el mundo, con menos extensión de lo que es Galicia y una población de poco más de ocho millones de personas, se haya convertido en uno de los grandes en el mundo en poder económico, cultural, tecnológico, militar y religioso. Y aún más allá de eso, su cultura ha influido en toda la humanidad: su nombre figura en las primeras listas del mundo a nivel de arte, cultura, deporte, educación, medicina, libertad, tecnología, derechos humanos, esperanza de vida, y un largo etcétera; y diez premios nobeles le avalan. Las circunstancias les han llevado a la emigración (lo que ellos llaman la diáspora, que supera la población interna, unos catorce millones), parecida a los gallegos, pero hay una gran diferencia: a partir de la tercera generación, los segundos pierden su identidad gallega e incluso española en la mayor parte de los casos y lo mismo sucede con otros pueblos, pero los judíos llevan tres mil quinientos años en esa situación y nunca dejan de ser judíos. Y no olvidemos que muchos imperios a través de los años han intentado eliminarlos de la faz de la tierra y lo han conseguido con otros pueblos y otras culturas, pero no con ellos.

El lagar y el arado Francisco Barreiro Ediciones ÁlteraB.Á: ¿Qué pasa entonces por las venas de ese pueblo?
F.B: Solo tengo una respuesta: Dios.

B.Á: ¿Qué le dirías al lector que se dispone a leerla? ¿Qué recomendaciones le das?

F.B: Quedaría satisfecho si sólo lo hago pensar un poco en este pueblo al margen de la situación política y sus desavenencias actuales, que no son el motivo de este libro. Esa es la recomendación que le doy: que por un momento se olvide de todo, deje la mente en blanco y trate de meterse en sus venas. Porque el mundo no sería lo que es si no hubiera existido Israel, si no existiera hoy en día y si no siguiera existiendo en el futuro.

Los cristianos le debemos todo pues es a través de ellos que vinieron Jesús y el Evangelio (que, curiosamente, ellos no aceptaron). Pero no tengo dudas de que todos, incluso los árabes, somos deudores de este pueblo. Así que me parece lógico conocer algo de su historia, y sobre todo la que tiene que ver entre ellos mismos, con los demás pueblos y especialmente con Dios. De eso tratan estos dos episodios y otros que me gustaría publicar.

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