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Los autores son quienes más saben de sus obras, de sus personajes, de la trama y, en definitiva, de todo lo que rodea a sus creaciones. Santiago Zaldívar quiso recordar el mundo pitagórico, documentado y conocido desde su vasta experiencia docente. ¿Quién mejor que él para contarte los secretos y curiosidades de su última novela, La hermandad pitagórica?

Así que, sin más preámbulos, que sea el mismo Santiago Zaldívar quien te cuente algunas curiosidades relacionadas con su obra:

“Como profesor de filosofía en un instituto, he tenido que explicar muchas veces teorías filosóficas del pasado. Así que conocer el tipo de gente al que pudieron ir dirigidas y por qué siempre era importante para que mis alumnos me entendieran y se interesaran por ellas.

También aquí, pero esta vez a través de una trama novelesca y de sus personajes, me interesaba averiguar qué había tenido de particular el movimiento pitagórico para haber durado varios siglos y haber sido tan influyente en la antigüedad.

Hermandad Pitagórica Santiago ZaldívarSiempre me habían resultado curiosos estos pitagóricos. En realidad supusieron un original intento de ingeniería social, de modelar la sociedad desde la ciencia. Su concepción del universo se basaba en el carácter divino de los números y de su armonía, aplicable a la vida humana, y lograron conectar, a mi juicio, con un tipo de religiosidad popular de carácter más personal e intimista que se enfrentaba abiertamente a la religión oficial en aspectos fundamentales como era el del sacrificio ritual de animales.

En cuanto a los personajes, el primero que me reclamó el derecho a existir fue el de Aesara. Esta es una niña de doce años, huérfana de padre y madre y maltratada por su tío, a la que el maestro Pitágoras, recién llegado a Crotona, decide acoger en la Hermandad. A pesar de su desgraciada historia familiar, Aesara es una niña alegre, despierta, espontánea y también por eso mismo un poco metepatas, todo lo cual chirría bastante en el ambiente de seriedad y rigidez que los pitagóricos pretendían imponer en su comunidad. Pero debido a sus cualidades y a la simpatía que despierta en él, Pitágoras le hará el encargo de recoger y transmitir la historia de la primitiva Hermandad, un poco a espaldas de Cleanor, que es el ogro necio, el jefe de estudios de la comunidad que dirige todo con mano de hierro.

Aesara de Lucania fue una filósofa pitagórica de alrededor del siglo IV o III antes de Jesucristo. Me gustó este nombre porque, además, en él está incluido el de mi hija Sara. Lo que pasa es que si quería mantener el personaje de Aesara como contemporánea de Pitágoras, perdía al personaje real casi tres siglos posterior, cosa que tampoco me apetecía mucho. Así que decidí que hubiera dos Aesaras, lo cual me permitía, además, desarrollar lo esencial de la trama: la primera Aesara como creadora y transmisora de la historia de la primitiva Hermandad, y la segunda como receptora de la misma al cabo del tiempo. Esta última, la filósofa, será la esposa de Arquémaco, el protagonista de la novela y en definitiva el que nos cuenta a nosotros todo eso en un manuscrito que lo acompañará a la tumba y que se supone que se ha descubierto en nuestra época”.

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