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¿A que seguramente identificas el Valle del Tena con los deportes de invierno? Pero allí ocurrieron -y puede que sigan ocurriendo- muchos sucesos misteriosos. Daniel Torres Bendito conoce aquellas tierras como nadie, y por ello las hizo protagonista de su novela Gorgol, el final del bosque. Una novela que da para contar muchas curiosidades…

Así que nadie mejor que Daniel Torres Bendito, autor de Gorgol, el final del bosque, quien te cuente algunas curiosidades relacionadas con su nueva novela:

“Aunque la mayoría de la gente identifica el valle de Tena con los deportes de nieve en el invierno o los de aventura en el verano, lo cierto es que se hizo célebre mucho tiempo atrás por cuestiones bien distintas: hechos raros y brujerías. Quizás fuera por su entorno apartado o por sus bosques frondosos, lo cierto es que las leyendas y cuentos relacionados con brujas y brujones abundan por el lugar más que las setas en otoño.

Valle del Tena 'Gorgol, el final del bosque'

Yo he crecido prácticamente en este valle, y aunque nadie me contó nunca nada sobre las brujas, desde bien pequeño siempre fui presa de una extraña sensación de sobrecogimiento en cuanto me adentraba en sus bosques o pasaba caminando frente algunos de sus viejos edificios. Como si el lugar escondiera secretos, sucesos ocultos que me eran susurrados a voz en grito por seres invisibles que se escondían detrás de los árboles y piedras en cuanto me daba la vuelta.

Mi afición por las historias de misterio arranca de entonces, de estas experiencias vividas que me sirvieron para urdir mis primeras historias de miedo con las que, de crío, aterrorizaba a mis amigos aragoneses sentados alrededor de una hoguera en mitad del bosque (cuando semejantes temeridades estaban aún permitidas).

Gorgol El final del Camino Daniel Torres BenditoMuchos de los parajes que se describen en el libro están inspirados en lugares concretos del valle. Como el caserón que sirve ahora de albergue juvenil en el Pueyo de Jaca, que siempre me puso los pelos de punta. Así que cuando supe de la leyenda de Celina y de cómo el fantasma de la niñera inglesa habitaba el lugar, no pude evitar pensar de inmediato: «¡Lo sabía! ¡Ya decía yo que ahí dentro pasaba algo!». No en vano, el palacete de la marquesa de Barbastro de mi novela está inspirado en ese edificio.

Tampoco la localización del pueblo de Gorgol es fortuita. Si bien la existencia del pueblo es ficticia (aunque su nombre lo tomo prestado de la conocida garganta de Gorgol), lo ubico a propósito en el lugar con mayor tradición brujeril de todo el valle, cerca de Tramacastilla y Sandiniés, en plena Sierra de La Partacua, escenario de la epidemia de endemoniamientos que durante el siglo XVII atrajo la atención del Santo Oficio y terminó como el rosario de la aurora.

Y de todas estas sensaciones y recuerdos del valle de Tena tomo algo prestado para tejer Gorgol, el final del bosque y regresar como escritor a los cuentos de miedo, mi género original: mi sino”.

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