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Jaime I el Conquistador sucedió a su padre Pedro II en la corona de Aragón. Era su heredero. Pero, ¿y si hubiera tenido un hermano bastardo? Nada más lejos de la realidad dada la fama de mujeriego del rey Pedro. ¿Qué habría sido de su vida? J. Torrent la desgrana en El libro de los hechos, cuya primera entrega, El heredero de los Boisanzón, te invita a descubrir en esta entrevista.

Jaime I el Conquistador es sobradamente conocido por la historia, pero lo es menos su hermano bastardo Pedro. ¿Quién?, te estarás preguntando. ¿Acaso tuvo alguno? Seguramente, a tenor de la vida amorosa de su padre. Una vida, la de Pedro, que dio para mucho. Tanto, que J. Torrent lo ha convertido en el protagonista de El libro de los hechos, un fantástico repaso a la Historia, con mayúsculas, del siglo XIII. De aquél como de su primera entrega, El heredero de los Boisanzón, habla en esta entrevista.

Blog Áltera: Curiosa tu propuesta literaria: nada menos que la vida de Pedro, el hermano bastardo de Jaime I el Conquistador. ¿Por qué este personaje? ¿Qué te llevó a concebirlo como personaje de una novela?

J. Torrent: Sí, el personaje es inventado. Eso no quiere decir que no sea posible que haya existido algún bastardo del rey Pedro, el padre de Jaime I, teniendo en cuenta su fama de mujeriego, solo que no se ha escrito nada sobre ellos.

J. Torrent, autor de 'El huérfano de los Boisanzón', Ediciones Áltera

J. Torrent, autor de ‘El huérfano de los Boisanzón’.

B.Á: Una de las cosas que más llama la atención, y a la vez se agradece, es la cuidada documentación que has usado a la hora de escribir esta novela. ¿A qué fuentes has acudido para obtener la información necesaria para afrontarla?

 J.T: Existen muchos libros que tratan esta época. Entre ellos, las tres grandes crónicas: la de Ramón Muntaner, la de Bernat Desclot y la que el mismo rey Jaime escribió, o mandó escribir, El libro de los hechos (El llibre dels Feyts), del que he extraído partes del nudo argumental de esta primera entrega.

B.Á: Pedro fue concebido por su padre, que a la misma hora estaba concibiendo en el vientre de su mujer al futuro heredero, Jaime I el Conquistador. Puede que haya lectores que lo tomen como un ardid propio del escritor de novela histórica para dar sentido a la trama…

J.T: Eso es porque los lectores son, seguramente, gente inteligente…

B.Á: En esta obra invitas al lector a viajar hasta el castillo de Monzón, a compartir momentos con los hermanos Templarios y a ser testigo privilegiado de los convulsos acontecimientos que acontecieron en ese periodo de comienzos siglo XIII… ¿Qué papel juega la historia en la novela y que papel juega en ella Pedro, su protagonista?

La Historia, en mayúsculas, es un recurso para dotar la trama de un esqueleto sólido que ciña la acción a un contexto determinado. En El huérfano…, la Historia proporciona el hilo argumental e incluso, a menudo, la anécdota. Y actúa también como contención para encauzar y centrar la trama. Pedro, el bastardo, elige situarse fuera del foco de la historia, oculto bajo la sombra enorme de su hermano. A pesar de su lugar de privilegio a la vera del niño-rey Jaime, la vida de Pedro toma, por elección propia, un rumbo completamente distinto del de su medio hermano.

No en vano, Jaime I escribió El libro de los Hechos, y Pedro El libro de las Cosas, una cara y una cruz con la que se completa la moneda entera.

El libro de las Cosas José Manuel TorrentB.Á: ¿Qué restos de todo lo ocurrido en aquella época ha llegado hasta la nuestra? Porque hay aspectos tratados en la novela que aún no han sido resueltos…

J.T: En esta primera parte, que trata de los primeros años de la vida del protagonista, el niño vive en primera persona la cruzada papal contra los cátaros que propició el fin de las pretensiones catalano-aragonesas sobre Occitania y las comarcas del sur de Francia. También se describe la relación entre las tres religiones medulares, la musulmana, la judía y la cristiana, tan colindantes que estaban condenadas a convivir, pese a todo.

En nuevas entregas, la trama se urde en el entorno de la sexta cruzada, la caída de los ayubitas y la ascensión al poder de las dinastías mamelucas, la invasión de los mongoles, la ruina de la secta de los nizaritas ―en occidente conocidos como “los asesinos”― todo lo cual, aunque parezca sorprendente, por no decir extravagante, aconteció a lo largo de solo el puñado de décadas contemporáneas a nuestro protagonista.

Todos estos trastornos están presentes o son el germen de muchos de los conflictos que desgraciadamente están hoy de rabiosa actualidad.

B.Á: El huérfano de los Boisanzón es el libro primero de lo que has concebido como El libro de las cosas. ¿Qué espera al lector en las siguientes entregas?

J.T: La propuesta de El libro de las Cosas es pintar un siglo XIII global, no solo europeo.  Generalmente vemos la historia desde una perspectiva occidental, sin tener en cuenta la obviedad de que en todas las partes del planeta se cuecen habas parecidas, tanto o más importantes, cultural y políticamente.

Para ello, mi protagonista se desplaza al mítico y lejano reino de Siam, todavía en una fase incipiente ―anterior al establecimiento de la capitalidad de Ayutthaya, que no tendrá lugar hasta un siglo más tarde―, lugar en el cual un funesto acontecimiento lo empujará de vuelta a través de la ruta de la seda (en donde se topará con los Polo, padre y tío).

En la cuarta entrega se verá envuelto, ―por motivos, como siempre, extraños a su voluntad―, en la subida al poder del primer Sultán mameluco de Egipto; y, en la quinta, se retira como eremita agustiniano del Monasterio de Santa María de Formentera, en la isla de este nombre, recién reconquistada por los jurados de su hermano, en donde acabará sus días, escribiendo las presentes memorias.

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