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Un escritor de novelas del oeste, una historia de amistad y otras dos de amor inspiraron a José David de la Fuente para escribir Las nieves del Cervúnal. Merece la pena que eches un vistazo a este post y que después leas la mencionada novela. Ninguna de las dos cosas te decepcionará.

Quién mejor que José David de la Fuente, autor de Las nieves del Cervunal, para hablar de ella, de sus curiosidades y personajes; de un escritor de novelas del oeste con el que trabó amistad y que tiene un papel destacado en dicha novela, así como de las dos historias de amor en las que se inspiró para dar rienda suelta a este sentimiento a lo largo de las páginas de su obra:

“Conocí a Marcial Lafuente Estefanía de niño: era amigo de mi padre, a quien nunca faltaban en los bolsillos de su chaqueta una cajetilla de tabaco y una novela de Estefanía. El escritor había llegado a mi pueblo, Arenas de San Pedro, en los primeros años de la posguerra. Buscaba un sitio tranquilo para escribir y huir de su pasado: había llegado a ser general del Ejército Republicano.

José David De La Fuente

José David De La Fuente, autor de ‘Las nieves del Cervunal’.

Cinema Paradiso me impactó la primera vez que la vi: es difícil no emocionarse ante la hermosa historia de amistad entre Alfredo y Totó, a quien el operador de cine le contagia su entusiasmo y amor por el cine. En mi novela, el escritor transmite a Gustavo la pasión de leer y escribir, la fascinación del mundo de la ficción. Contar y escuchar historias es una de las principales aficiones de los seres humanos, yo diría que una necesidad. Necesitamos alimentar nuestra alma de historias ajenas en un deseo de vivir otras muchas vidas aparte de la única que la naturaleza nos otorga.

El niño asturiano de mi novela lee a Emilio Salgari para liberarse del “mundo de hambre, miseria y tristeza que le ha tocado vivir”. Gustavo es un personaje real. Accedí a su historia y a la de su familia a partir de un documento en el archivo municipal de Arenas: estaban pasando hambre, hambre de verdad. Su padre murió después por una intoxicación.

Tosca es una ópera que contiene un amplio catálogo de sentimientos humanos en su máxima intensidad: amor, intriga, lealtad, violencia, pasión. La muerte representa al final la liberación y el sueño eterno de unión entre Tosca y Mario Cavaradossi. Para inspirarme en el amor entre Luis y Lucía escuchaba a menudo a Pavarotti en el aria E lucevan le stelle, que aparece reiteradamente en la novela.

La noche es un ingrediente esencial en el amor “no convencional” entre mis dos protagonistas. Como en Tristán e Isolda de Wagner, la noche les permite su fusión en una entidad superior; el día, en cambio, con sus convencionalismos y prejuicios, será un obstáculo a su amor. Sólo durante la larga noche de la muerte podrán estar eternamente unidos.

Portada-Nieves-Cervunal-Ediciones-Áltera

Hubo dos capítulos que me costó escribirlos por el impacto emocional que me provocaban. Tenía que levantarme a menudo de la silla y pasear para recobrar la calma: el dedicado a Hildegart y aquél en que un maqui traiciona a sus compañeros: dos historias terribles, pero reales. La vida a veces supera en crueldad a la ficción, aunque también nos ofrece ejemplos de entrega y generosidad como el de Elisabeth Eidenbenz, la joven suiza que ayudaba a parir en los campos de refugiados. Y lo que cuento de los maquis está basado en hechos históricos: así lo prueban los documentos que descubrí en el Archivo Histórico de Defensa, que cualquiera puede consultar.

Unas palabras sobre la portada. Al empezar a escribir la novela, decidí que el cuadro de Martínez Vázquez Las nieves del Cervunal debía ocupar la cubierta. Este monte es la atalaya más bella que se ve desde la vertiente sur de Gredos. El cuadro había ganado en 1926 el primer premio de la Exposición Nacional, y había sido adquirido por el Estado. Lo vi por primera vez en el catálogo de una exposición de este pintor con el subtítulo “en depósito en el Ministerio de Justicia”. Recorrí todas las dependencias de este ministerio en Madrid con resultado negativo; consulté a especialistas en el museo del Prado, que desconocían su ubicación actual; y después de dos años de búsqueda, me acerqué al Reina Sofía: me confirmaron que pertenecía a su colección, pero estaba en depósito. ¿Dónde? Se negaron a informarme, aunque me suministraron una copia del mismo: desgraciadamente era anterior a su restauración y no estaba en condiciones de ocupar la portada. Empecé a buscar una foto que la sustituyera y la encontré en la página web del ayuntamiento de Arenas. Su autor, Pablo Pazos, me la cedió generosamente para este fin.

Pero seguía con la curiosidad de conocer la ubicación del cuadro. ¿Dónde estaría? ¿Por qué se negaban a decírmelo? Fui al departamento correspondiente una y otra vez hasta que comprendieron que no iba a desistir en mi empeño. Para que no les molestara más, por fin me informaron: “En Moncloa: muy cerca del despacho del Presidente del Gobierno”. Si alguna vez os reciben en esta casa, no dejéis de contemplar este hermoso cuadro”.

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