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Un destino no deseado, la historia de una rebeldía y un incierto camino por delante. Ésos son los ingredientes que nos propone Vicente de Ramón Perea en Viajes extraordinarios de un comediante. Cuando salir al camino en el siglo XVI, por inmediato que fuera el periplo, suponía poco menos que jugarse la vida. Y Segundo Peñuelas, protagonista de la novela, lo hará. Y conocerá a Calderón, y a Lope de Vega, y a…

Cuando un autor conoce su oficio, sus trucos, cómo contar una historia, se agradece que quiera compartir también los secretos de su obra con los lectores. Y eso es lo que ha hecho Vicente de Ramón Perea. Su Viajes extraordinarios de un comediante es toda una incitación a viajar, a soñar, a conocer… A dejar volar la imaginación y pensar que la vida puede ser como cada uno se la proponga. Mismamente, como quiso hacer con la suya Segundo Peñuelas, protagonista de la novela. La charla que hemos mantenido con Vicente de Ramón Perea se escapa por los dedos de la mano como si fuera arena. Compruébalo:

Blog Áltera: Iba para monje y acaba siendo actor. Su padre le repudia y se lanza a los caminos de la Castilla del siglo XVII armado con un viejo arcón y ganas de ser comediante. La vida de Segundo Peñuelas no tiene desperdicio…

Vicente de Ramón Perea: No, desde luego que no. Segundo es un rebelde. Da un golpe sobre la mesa, rechaza el futuro que otros le han preparado y elige su propio destino. Se enfrenta al poder paterno y al eclesiástico en una sociedad regida por la autoridad del padre y el control de la iglesia. Se echa al camino en un tiempo en que el viaje más corto era una aventura incierta, en el que te jugabas la vida a cada vuelta del itinerario. Adopta el oficio de actor de forma casual, leyendo en voz alta un libro de caballerías. Y, cargado con un destartalado arcón rodante, sale al encuentro de un mundo que, a las tuertas, le muestra su semblante más hostil y, a las claras, le abre los brazos de modo compasivo. Pero siempre, hasta de los peores lances, consigue salir airoso, aunque muchas veces magullado, con moratones en el cuerpo y en el alma. Segundo es un luchador, un comediante y un caminante afortunado.

Vicente de Ramón Perea, autor de Viajes extraordinarios de un comediante Ediciones Áltera

Vicente de Ramón Perea.

B.Á: ¿En qué grado influyó tu profesión en la elección del tema y del protagonista?

V.R.P: Inicialmente no empecé a escribir una novela sino un monólogo teatral. Tenía ganas de meterme en la piel de un cómico de la lengua y vivir las experiencias de un personaje mitad artista, mitad bandolero, con el ingenio del pícaro y el arrojo del aventurero. Cuando llevaba ochenta páginas escritas pensé que iba a ser un monólogo demasiado largo para las costumbres de nuestro teatro, así que decidí darle otro enfoque. Tenía muchas cosas que contar y no menos ganas de relatarlas. Decidí continuar las aventuras de Segundo de otro modo, saltando de la vivencia compartida en un instante a la sucesión de recuerdos de toda una vida. En consecuencia, Viajes Extraordinarios de un Comediante tiene un origen escénico. La influencia de mi condición de actor es absoluta. Aunque el teatro, aun siendo el motor, no es, ni mucho menos, el único tema de la novela.

B.Á: A muchos nos encantaría ser Segundo Peñuelas sólo por entablar contacto con todos los personajes que tienen trato con él en la novela: Calderón y Lope, un hidalgo apasionado del esoterismo, un licenciado obligado a pasar por bobo… ¿Dónde y cómo te has documentado para conseguir este completo y genial escenario?

V.R.P: Pues buceando en mares de información, desde libros de historia, arquitectura o costumbres populares a tratados de brujería, de alquimia o de plantas medicinales. Utilizar esa información en su justa medida e incorporarla a la novela de forma natural, sin hacer alarde de documentación, ha sido uno de los trabajos más delicados a la hora de escribir la novela. También disponía de un material narrativo escuchado desde niño en muchos sucesos ocurridos en mi pueblo natal que conservan un carácter legendario, de otro tiempo. Siempre he dicho que esta novela se ha construido con historias inventadas, oídas y vividas. En cuanto a ser Segundo Peñuelas, puedo asegurar que es una experiencia asombrosa. ¿A quién no le gustaría dar un giro radical a su vida, dejar las obligaciones que nos atosigan, llenar el depósito del coche, viajar sin rumbo y, allí donde se agota el combustible y nuestro vehículo se detiene, emprender una vida más acorde con nuestros íntimos deseos e ideales más profundos? Ahora el lector tiene la oportunidad de hacerlo acompañando a Segundo el Comediante en sus mil peripecias y aventuras.

Viajes extraordinarios de un comediante Ediciones ÁlteraB.Á: Manejar la galería de personajes que aparece en la novela exige un dominio de sus caracteres, acciones y personalidades. ¿Cumplen una función de acompañamiento o son en sí la trama que lleva a Segundo Peñuelas hasta su final?

V.R.P: Realizar una acertada construcción del personaje a través de sus rasgos físicos, de su comportamiento, de las acciones que lo definen o de sus estados de ánimo, es un reto al que siempre nos enfrentamos los actores y los dramaturgos. Y es una de las muchas aportaciones del teatro a la novela. Un recurso muy valioso teniendo en cuenta la cantidad de personajes que aparecen en el transcurso de la narración, todos con entidad propia, con un peso dramático y un dibujo esmerado, por muy breve que sea su participación en la trama. De tal manera que nunca se convierten en meros figurantes o actores secundarios, sino que son los verdaderos protagonistas en sus encuentros y andanzas con el personaje central, componiendo el paisaje humano que conduce a Segundo a lo largo de su viaje.

B.Á: El siglo XVII es, quizás, uno de los siglos más notorios e importantes de la historia de España. Una época de grandezas que ocultaba demasiadas miserias y, por cuyas costuras, se empezaba a escapar esa misma grandeza. Un retrato el que realizas de la época donde nadie queda libre ni sin ser mencionado…

V.R.P: Sí, la verdad es que Segundo no rehúye ningún enfrentamiento ni se muerde la lengua a la hora de criticar ciertos comportamientos de una sociedad que acostumbra a aprovecharse del que tiene debajo o se encuentra circunstancialmente a su merced, sin importarle el grado de poder que en ese momento ejerza. Es un momento de crisis, donde las vacas flacas se comen a las gordas de otros tiempos de esplendor. Una época parecida al momento actual, en la que la ansiedad por sobrevivir nos lleva a querer salvar el pellejo por nuestra cuenta sin importarnos la suerte que corre el vecino, en vez de salir todos adelante aunando esfuerzos, hombro con hombro. Son, sin embargo, grandes momentos para la creatividad y la transformación.

B.Á: ¿Se puede decir que esta novela es un homenaje a los libros de caballerías, en menor término, y, en mayor, a aquellos comediantes y actores que se ganan la vida como titiriteros de feria en feria, que canta Serrat?

V.R.P: Claro, es un homenaje a los libros de aventuras, muchos de ellos con fantásticas ilustraciones, que, de niño, inflamaban mi ánimo con el temperamento de un caballero y llenaban mi mente con las deslumbrantes imágenes de mundos fabulosos. Y, por supuesto, un homenaje a todos los cómicos que han hecho de la palabra su oficio, artistas de camino y comedia que han recorrido el mundo desde tiempo inmemorial, de pueblo en pueblo, de plaza en plaza, llevando su arte a las gentes más sencillas. Pero, sobre todo, esta novela rinde tributo a todos los corazones rebeldes que no se conforman con el ritmo que les marcan y laten con su propia sonoridad.

B.Á: Y hasta aquí hemos llegado. El lector ya tiene la miel en los labios. ¿Qué le dirías para terminar de empujarle a la lectura de esta novela?

V.R.P: Que escuche el lado rebelde de su corazón, se deje llevar por las alas de la imaginación y acompañe a Segundo el Comediante en su viaje, compartiendo sus aventuras, viviendo su misma peripecia, contagiándose de su inagotable vitalidad, al ritmo que marcan los pasos sobre el camino, con la sonoridad y las imágenes que sólo son capaces de evocar las palabras, el inmenso legado de nuestra lengua, de nuestro extraordinario idioma. Y, sobre todo, que la disfrute.

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