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Manuel Venegas te propone La ciudad secreta, una obra con todos los ingredientes para engancharte desde la primera línea: historia, veracidad, una prolija documentación y una cuidada prosa. Hemos charlado con él. Éste es el resultado de la charla.

Siempre apetece hablar con nuestros autores. En el caso de Manuel Venegas, más después de dejarnos tan buen sabor de boca con El perfume de la venganza.  El lanzamiento de La ciudad secreta era una excusa como otra cualquiera para mantener una charla con él. Agradable, irónico y con un gran conocimiento de todo lo que rodea a la obra que escribió, La ciudad secreta se convierte en una lectura que no debería perderte. Lo comprobarás tras leer esta entrevista.

Blog Áltera: Una ciudad sin palacios enormes ni guerreros, sin fábricas ni mercaderes afanosos. Una ciudad diferente, tan lejana y distante que no se apreciaba con la vista, ni mucho menos se palpaba con los dedos… Dan ganas de irse a vivir a La ciudad secreta

Manuel Venegas: Con que den ganas de leerla me doy por satisfecho… Fuera bromas, soñar despierto suele ser divertido, y como tal nos gustaría disfrutar de los sueños en verdad. Vivir o disfrutar en La ciudad secreta era el sueño de Azriel y cuando el ángel se lo permitía, lo hacía. Pero como bien dices, da la sensación de ser inalcanzable, más bien quimérica…. No obstante, si alguien quiere vivir y soñar unos días, está invitado a La ciudad secreta.

Manuel Venegas, autor de 'La ciudad secreta'. Ediciones Áltera

Manuel Venegas, autor de ‘La ciudad secreta’.

B.Á: Una ciudad en la que vive Azriel, testigo de la muerte de su padre, y también depositario de su última voluntad: reconstruir la dignidad de la ciudad secreta. ¿Cómo lograr eso partiendo de la base de que es una ciudad sin normas?

M.V: Ése es el principal obstáculo que debe superar Azriel: saber y comprender que reconstruir la ciudad secreta no es levantar piedras ni untar argamasa en las paredes, ni tampoco implantar leyes ni dogmas, sino el camino a la fe, donde cada muestra de lealtad, honradez y credo es un adobe que se deposita y afianza la mística ciudad. Aunque, claro, no voy a desvelar si alcanzó a comprender el enigma que atesora La ciudad secreta

B.Á: Los romanos, siempre en medio de todo. Y a su servicio, los sirios, a los que en la novela no regalas una imagen precisamente benevolente…

M.V: Ya. quiero entender en tu pregunta que dentro de una manada de tigres hallamos un gato manso…

B.Á: Por ahí irían los tiros…

M.V: Es cierto. Y también sabemos, ya seamos de culturas o dogmas diferentes, que todo ser humano tiene un corazón que late, y a veces la calidad bienhechora prevalece a la rivalidad. En el caso de mi novela, me permití darle vida a un soldado sirio cuyas cualidades y calidad humana dan buena fe a lo que te acabo de decir. De hecho, se enamora de Zemira, la hermana de Azriel -de credo judío-. Pero no sólo el soldado sirio; quien tenga la ocasión de leer la novela verá que incluso el patriarca romano cae en serias dudas dentro del consejo romano en Masada.

La ciudad secreta Manuel Venegas Ediciones ÁlteraB.Á: Uno de los aspectos que más llama la atención en la novela es la cuidada prosa y, especialmente, la veracidad narrativa que regalas al lector. ¿Cómo se logra mantener ambas a lo largo de la trama sin que la una no pise el terreno de la otra y mantenga siempre enganchado al lector?

M.V: Curiosa pregunta… Llevar de la mano y a buen ritmo la prosa y veracidad lo enclavaría en mi estilo literario, más allá de que sea una novela histórica.  Y eso es gracias a la lectura de grandes maestros de la narrativa de los que aprendí mucho, y lo que me queda por aprender por supuesto. Cuando lees por hábito y a diversos escritores, sueles percibir grandes diferencias a la hora de trasladar un escenario desde tu mente a la del lector a través de la palabra, y ese aspecto quise cuidarlo mucho con una escritura fresca y contemporánea -pese a que la ciudad secreta se date del año 66 d.C-, sacando lo mejor de cada uno. En definitiva, fui yo mismo, con mi estilo. Realmente no creo que haya una ambivalencia que haga repeler el buen contexto entre calidad prosista y veracidad narrativa, si bien es cierto que el “esfuerzo” y mimo que dediqué al libro han merecido la pena. Cuidé mucho la prosa, empleando horas y horas entre días de reposo del manuscrito, pero la buena cocina se cuece lenta y me quedo con buen sabor, el mismo que espero puedan paladear quien desee leerlo.

B.Á: ¿En qué fuentes has bebido y te has inspirado para escribir La ciudad secreta?

M.V: Algunas, sí, empezando por beberme algunos litros de café… ¡Ja, ja, ja! Después de tener claro que la fortaleza de Masada iba a ser el epicentro de la novela, gocé de muchas tardes y noches viendo documentales y consultando nuestro amigo Google. Incluso sopesé la posibilidad de visitar Masada in situ, pero no me fue posible. Por lo general, todo el que escribe una novela histórica debe de estar bien documentado, pero debo decir que La ciudad secreta recupera y da vida a los espacios de tiempo perdidos dentro de la veracidad histórica de Masada, y es ahí donde entra la parte de ficción, y mi principal fuente de inspiración fue otro gran libro, una obra maestra de Paulo Coelho, La quinta montaña; y cómo no, la ilusión de dar vida a personajes que curiosamente, a veces, llega el momento en que son los propios personajes los que manejan al escritor.

Resumiendo, en mi caso: café, Google y darme de bruces con el libro, documental y panorámica adecuada que me oxigenó la inspiración.

B.Á: Sorprendiste gratamente al público y crítica con El perfume de la venganza, y ahora regresas con La ciudad secreta. ¿Qué hay de la primera en la segunda dentro de la evolución que has experimentado como escritor?

M.V: El conocimiento y la habilidad adquiridos en la primera. El perfume de la venganza ha sido mi escuela, con él aprendí a base de triturar mil borradores, a depurar mi estilo, y a su vez un gran revulsivo para aventurarme en La ciudad secreta, con lo cual arrastré la esencia del primero al segundo libro. Salvando las diferencias de que el primero lo conté en primera persona y el segundo en tercera, quise continuar con mi propia filosofía de escribir, la que aprendí a base de “más que a leer los libros, a estudiarlos”. Por consiguiente, me atrevería a decir que es una continuación de táctica literaria. Y también me gustaría reseñar de que siempre estamos aprendiendo, y si algún día hay un tercer libro, espero seguir transmitiendo las mismas sensaciones, como mínimo.

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