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Hay novelas sencillas. Y de lo sencillas que son, sobrecogen. Por su estructura, por la trama que esconden, por los sentimientos que rezuman. La vida en claroscuro, de Francisco Jesús Hidalgo, puede servir como ejemplo. Y sus curiosidades dan para mucho. Pero que para mucho.

La vida en claroscuro es la ópera prima de Francisco Jesús Hidalgo, una novela de vidas cruzadas, de sentimientos encontrados, de lugares, de situaciones, de momentos vividos. Por eso le hemos pedido que nos hable de ella, de qué le ha supuesto escribir esta novela, de los lugares que visitó, de los Eduardos y Patricias -protagonistas principales- que conoció. Éste es su relato. Merece la pena gastar unos minutos en leerlo:

La vida en claroscuro, Ediciones Áltera“La redacción de la novela La vida en claroscuro ha resultado ser una especie de viaje atemporal, aunque la trama se desarrolle en pleno siglo XXI, en que comencé a escribir una historia que iba surgiendo por sí sola, sin un esquema prefijado. Cada vez que me ponía a escribir, en función del lugar, el momento, el estado anímico, la inspiración, la imaginación, iba caminando en el desarrollo de la trama sin saber, ni yo mismo, lo que iba a suceder poco después. En cierta manera todo lo que ha rodeado la composición literaria de la novela ha sido producto de cada instante. La novela, en sí misma, es un viaje literario a través de, como se dice en la sinopsis, unas vidas que son calles entrelazadas y que tarde o temprano convergen o se cruzan entre ellas.

Han sido muchas las anécdotas que han rodeado la redacción de la obra a lo largo de los dos años que ha llevado su elaboración. Viajes que me han inspirado paisajes e imágenes presentes en la obra, momentos, personas, anécdotas, lugares. Es una obra de trama imaginada, no es autobiográfica, pero sí que esconde entre sus palabras esa sensación cierta de que hay Eduardos y Patricias, de que es una trama real como la vida misma, que son cosas que pasan. Y en ese sentido, la novela no pretende ser ficticia, sino que he intentado caminar hacia una forma de Realismo del siglo XXI. Por eso mismo me he movido buscando una historia posible, aunque ello quizá haya hecho perder el sobresalto de lo inesperado en una parte importante de la obra.

Han sido dos años bonitos, hermosos. Cuando he recorrido los lugares que aparecen en La vida en claroscuro he sentido una cierta nostalgia, una sensación extraña, como si en cualquier momento pudiese llegar a encontrarme con Patricia, con Eduardo, con Amancio. He pasado por calles, bares, lugares especiales que se representan en la obra y que existen, aunque en la novela con otro nombre, y también he caminado por espacios reales con su nombre verdadero. Hay un antes y un después. Un tiempo antes de la redacción yo conocía estos lugares y pasaba por ellos. Ahora sigo paseando y los miro de otra manera. Es la magia de la literatura, que permite crear nuevos mundos a partir de los ya existentes. Es bonito saber que, en cierta manera, has creado vidas nuevas, aunque ficticias, de las que definitivamente el lector se encargará de dar vida a través de su imaginación. Ha sido y es una experiencia hermosa. Escribir una novela siempre lo es. En el mundo habrá personas que se sientan como Patricia y Eduardo. Es la magia de las Letras.”

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