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Van un cura, una puta, un policía, un camello y un concejal… ¿Parece el inicio de un chiste? Pues no, no lo es. Son los protagonistas de El barrio de los sueños rotos, de Francisco Alarcón. Todos aquellos antiguos compañeros de clase con un claro objetivo: salvar su barrio, dominado por una mafia extranjera.

Un barrio degradado y olvidado de una ciudad cualquiera. Pongamos que dicho barrio se llama San Judas. Un barrio al que un día llega una mafia extranjera que examina sus calles, investiga los negocios, conoce a sus gentes… Y lo domina a su antojo con el propósito de montar una red de drogas y prostitución. El fin del barrio.

Portada El barrio de los sueños rotos Ediciones ÁlteraPero no todos están dispuestos a dejarse derrotar por la mafia, a dejar que sus secuaces hagan lo que quieran en las calles. Un cura, sin ir más lejos, porque en esas calles nació, corrió, conoció a distintas personas, unas más amigas y otras menos. Y no lo hará solo. Para ello reclamará la ayuda de una puta, de un camello, de un concejal y de un policía. Todos ellos son también oriundos del barrio, se han criado en las mismas calles y lo siguen amando, aunque hace años que no se vean los unos y los otros, o bien la vida les haya llevado por otros caminos.

El barrio les reclama. Y a salvarlo se dedicarán. Pero no todo es tan bonito como parece. Son demasiados años separados. Se extrañan, recelan. Y mientas ponen todo su empeño en echar a la mafia de las calles del barrio surgirán antiguos amores entre ellos, pero también viejas rencillas, y regresarán sueños que nunca se hicieron realidad, sino que quedaron en el camino. Allí, en El barrio de los sueños rotos.

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